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El caso Negreira está muerto, pero no enterrado

Laporta prestó declaración en la Ciutat de la Justicia por el caso Negreira

Laporta prestó declaración en la Ciutat de la Justicia por el caso Negreira / Jordi Cotrina / EPC

El caso Negreira se ha convertido en un arma arrojadiza que solo utilizan los enemigos del Barça. Una bomba de relojería sin peligro ni pólvora. Un juguete de pim-pam-pum. Estamos frente a un procedimiento prescrito desde hace años y caducado por lo que respecta a las consecuencias deportivas. No hay caso, simplemente el interés de mantener viva la causa judicial.

Es triste comprobar como Florentino Pérez resucita la polémica y utiliza la asamblea del Madrid para cargar contra el Barça con el único objetivo de esconder sus fracasos y vergüenzas. Cuando la Superliga le convirtió en socio de conveniencias de Laporta, Negreira no existía. Ahora resucita el caso como cortina de humo para tapar la deficiente marcha de su equipo. Nunca pensamos que el presidente blanco podía caer tan bajo. Es una actitud que le retrata.

El caso Negreira se está deshaciendo como un azucarillo. Se construyó una montaña sobre una base imaginaria. Los pagos realizados han prescrito, nadie puede demostrar en qué bolsillos acabaron los pagos realizados al que fuera vicepresidente del Comité de Árbitros. Ocho millones de euros a lo largo de diecisiete años solo han dejado el rastro de un montón de informes de dudoso interés. Acusar al Barça de pagos ilegítimos a los árbitros es una falsedad.

El viernes declaró Laporta y dijo lo que ha repetido tantas veces. Que el Barça no pagó a nadie, que el Barça no necesitó favores arbitrales. Lo hizo como testigo, no como acusado. Hizo de abogado de si mismo y dejó claro ante el juez que este es un caso que no tiene vuelta de hoja, solo persigue dañar la imagen de la entidad. Las declaraciones telemáticas de Luis Enrique y Valverde diciendo que no vieron nunca los famosos informes no ayudaron a la estrategia blaugrana.

Aquí el único que podría aportar luz y pruebas es el gran protagonista. Pero Enríquez Negreira no habla ni hablará. Ni se lo permite su estado de salud ni quiere remover el pasado. Es un espectador mudo y por mucho dinero que le han ofrecido por soltar la lengua, no está dispuesto a romper su silencio. Es el único que conoce toda la verdad. También es quien tiene más cosas que ocultar. Su silencio es comprensible e interesado.

Deportivamente el caso Negreira está muerto. Jurídicamente buscan las cosquillas al club por los pagos efectuados. Fue un gran error realizar durante diecisiete años un pago dudoso. La sentencia final no lo pasará por alto y el Barça, a nivel de imagen y prestigio, no saldrá indemne.