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El caso Dro, un abono para hacer demagogia

Flick y Dro, en una imagen reciente de un entrenamiento

Flick y Dro, en una imagen reciente de un entrenamiento / Dani Barbeito

El asunto Dro es de manual: nadie pide minutos para el chaval y cuando emprende otra aventura se le afea el gesto, desde el club y desde el entorno, y se le trata con rechazo. Es una patología clásica en La Masia, de la que, por supuesto, habrá más casos. Primero, porque no caben todas las apuestas. No todos los chavales tienen la paciencia de aguardar su momento sin saber si éste les va a llegar. Y segundo, porque donde termina la libertad de los clubes para cribar jugadores, arranca la de los futbolistas y sus agentes para determinar su futuro. Debemos ponernos en la piel del chico y ser empáticos.

Dro se marcha porque considera - el tiempo le dirá si acierta o no - que en el Barça de Flick, lleno de centrocampistas de nivel mundial, no va a encontrar el espacio que necesita para progresar. Tal vez, tampoco lo tenga, a corto plazo, en el Psg; pero cree que necesita un cambio. Como, en su día, lo entendieron así Piqué, Cesc, Dani Olmo o Eric García. Aunque en un contexto menos favorable, ellos también se fueron y no creo que hubiera dudas sobre el barcelonismo, casi de cuna, de los cuatro. Por eso, discrepo de Hansi. Entiendo su dolor. Él creyó en Dro, lo subió y tenía depositadas grandes esperanzas. Pero su alegato a los colores para defender su posición me pareció demagógico. Flick y el club también deciden. En lugar de Dani Rodríguez, apostaron por Roony. Y a la hora de incorporar un central, se optó por Cancelo. Ni Cuenca ni Alvaro Cortés, a gran nivel en el filial, promocionaron. Por citar sólo dos ejemplos. Nada que decir. Pero así es este juego. A veces, el dado lo tiras tú. Y otras veces, lo tiran los demás. Y hay que respetar los turnos.