Opinión | Tuercebotas

Periodista y escritor
‘Caso Dame Sarr’: canteranos o globetrotters
Las normas del mercado convierten las plantillas en un carrusel de jugadores con los que es difícil que las aficiones se reconozcan

Dame Sarr, en uno de los primeros entrenamientos previos al Nike Hoop Summit / Instagram: @Reywitdashots
La perplejidad de Joan Peñarroya es la de todos: "A los que somos un poco mayores nos deja descolocados, preferir ir a jugar un torneo de chicos jóvenes que jugar hoy un Barça-Madrid, unos play-in o playoff de Euroliga o de ACB. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos". Ciertamente, la decisión de Dame Sarr de dejar plantado al Barça (a su equipo, a sus compañeros) para jugar el torneo de jóvenes promesas Nike Hoop Summit en Portland genera una perplejidad que podríamos llamar generacional. El baloncesto profesional ha cambiado tanto en los últimos años como el juego en la pista y las capacidades técnicas y físicas de los jugadores, y hoy, para un chaval formado durante unos años en la cantera del Barça, es más importante jugar un torneo promocional que la Euroliga o la ACB.
Obviamente, el primer análisis es el económico. ‘Bismack Biyombo y los 100 millones de dólares que explican la "huida" de Sarr’, titula una reveladora pieza Marc del Río en ‘Sport’, en la que explica la historia de Bismack Biyombo, un pívot que dejó plantado al Fuenlabrada en 2011 para jugar en la Nike Hoop Summit. Su aventura americana tras el torneo empezó con un número 7 del draft, y hasta el momento le ha supuesto casi cien millones de dólares netos en contratos. Sarr aspira a ello: en Europa, los clubes no pueden alcanzar los contratos que se pagan en Estados Unidos, no ya en la NBA, sino incluso en las ligas universitarias, ahora semiprofesionalizadas. Dame Sarr aspira a jugar en EEUU y quiere tener un gran salario ya. ¿Para qué esperar por cuestiones tan anticuadas como el compromiso con su equipo?
La ruina de las canteras
Al segundo nivel de análisis del ‘caso Sarr’ arroja luz David Rubio en otro artículo en ‘Sport’: las canteras del baloncesto europeo son un pozo sin fondo de pérdidas para los clubes. La normativa en Europa permite que los canteranos se puedan ir del club que los ha formado a los 17 o 18 años sin abonar derechos de formación. Antes que Sarr, el Barça perdió a Kasparas Jakucionis, y no hace falta tener una gran imaginación para prever lo que acabará sucediendo con Mohamed Dabone, la sensación de las categorías inferiores. A Pau Gasol, en su momento, apenas lo pudo disfrutar más que una temporada, algo menos de lo que le duró al Real Madrid Luka Dončić (aunque qué temporada: una Liga y una Euroliga).
Los equipos europeos son la gran fuente de talento de la NBA. Cinco de los últimos seis trofeos MVP de la NBA se los han llevado dos jugadores europeos: Nikola Jokić y Giannis Antetokounmpo. Los dos últimos números uno del draft han sido franceses: Zaccharie Risacher y Victor Wembanyama. Ese talento se forma en los equipos europeos y se fuga en cuanto puede a EEUU. Europa es a la NBA lo que el fútbol a países como Brasil y Argentina: un caladero de talento. La diferencia es que los clubes europeos pagan por el talento futbolístico que importan, mientras que los baloncestistas apenas dejan dinero en las arcas de los clubes europeos.
Un carrusel
Como consecuencia, el baloncesto europeo se ha convertido en un carrusel de globetrotters: jugadores estadounidenses que no encontraron un hueco en la NBA y que sobresalen en las pistas del viejo continente; europeos y jugadores de otros países que lo intentaron y fueron repatriados; e imberbes con acné que se foguean antes de hacer las maletas sin experiencia. Los jugadores pasan de un equipo a otro sin apenas echar raíces, los contratos se cortan con suma facilidad, se firman acuerdos por semanas, y a los aficionados les cuesta recitar el cinco inicial de sus equipos. La identificación entre las aficiones y sus equipos es un milagro con contadas excepciones: el fabuloso Real Madrid de Laso y su columna vertebral española, algunos jugadores griegos y balcánicos, y poco más. El espejo en el que todo el mundo se mira es evidente: si los Dallas Mavericks envían a Luka Dončić a los Lakers en mitad de la temporada, ¿qué no harán el resto?
Ese es el signo de los tiempos, qué le vamos a hacer, pero la perplejidad generacional de Peñarroya me representa. ¿Cómo sería el baloncesto europeo si el Barça, por decir algo, pudiera retener su talento canterano bastante tiempo, como por ejemplo sí logra en el fútbol? Si de verdad vamos a una NBA europea, sacrificar cantera por globetrotters no estoy seguro de que sea el mejor negocio.
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