Opinión

Redactor de Basket y Polideportivo.
Carolina Marín, una deportista irrepetible con un gen ganador innato
La onubense deja huérfano el deporte español tras una carrera llena de éxitos y de sinsabores por culpa de las lesiones

Carolina Marín mira hacia el pabellón de Huelva que lleva su nombre / EFE
Carolina Marín quería ser la mejor jugadora de bádminton desde el primer día que cogió una raqueta y un volante. La onubense se enamoró de un deporte que casi nadie conocía en España e inició un camino hacia un imposible. No dudó en renunciar a su adolescencia en pos de una ilusión que ha marcado su vida para bien y... también para mal.
"Odia perder. Es una ganadora que da todo lo que tiene y algo más para evitar esa sensación", comentaba a SPORT hace ya bastantes años alguien cercano a ella. Y claro, si ese fuerte sentimiento va unido a unas condiciones innatas y a un carácter competitivo simpar, tan solo así se explica cómo ha roto moldes para convertirse en un icono de un deporte copado por asiáticos. La versión femenina del danés Viktor Axelsen, otro que ha hecho historia.
Tuve el privilegio de vivir en directo cómo conquistó el oro en los Juegos de Río en 2016 en un éxito difícil de explicar por palabras, la confirmación de un trabajo ímprobo y diario durante nueve años. También experimenté en directo la desgracia de sufrir con ella su desgarradora lesión en los Juegos de París. Fue la máxima expresión de la crueldad.

Carolina Marín se retira convertida en un mito del deporte español / EFE
La andaluza había superado su segunda lesión grave (una en cada rodilla) y tenía a su merced a la china Bingjiao. Sin embargo, un mal giro acabó con sus ilusiones y sumió en un mar de lágrimas a todo el deporte español. Mejor dicho, a toda España. "Se ha roto seguro", dije a un miembro del Consejo Superior de Deportes que tenía a mi lado. No suelo equivocarme. Maldito acierto.
Su gestión de las lesiones debe servir a cualquiera que tiene graves problemas físicos. Rendirse, nunca. Su decisión de retirarse es una prueba de madurez. Podría haber forzado contra la opinión de los médicos para retirarse en la pista en Huelva, pero no tenía sentido. No habría salido bien y se arriesgaba a una cojera perenne (en el mejor de los casos) su sufría una recaída u otra lesión grave. Más o menos, lo que le sucedió a Sergio Lozano, el icono del fútbol sala azulgrana.
Carolina Marín, eres una deportista irrepetible. Un honor haber podido conocerte en persona. ¡Gracias por todo!
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