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El Camp Nou es de todos

Las espectaculares imágenes del entrenamiento a puertas abiertas del Camp Nou

Las espectaculares imágenes del entrenamiento a puertas abiertas del Camp Nou / Dani Barbeito

Los socios del FC Barcelona vivieron ayer viernes una matinal muy especial y esperada con el primer entrenamiento de puertas abiertas en el rehabilitado Camp Nou, que tiene una pinta fantástica. Regresar a casa por unas horas, aunque fuera a modo de ‘prueba piloto’, de forma reducida y parcial, fue una idea y una decisión que aplaudo.

Ya tocaba una buena noticia y poder vivir en primera persona una experiencia de ese calibre, y tan emocional añadiría, después de tantos disgustos con las fechas de regreso y, sobre todo, del ridículo video previo al Trofeo Joan Gamper. Nunca lograré entender cómo le pudieron meter esos goles a Joan Laporta. Pero bueno, ya está, es agua pasada. A mí nunca me importó regresar este o tal día, pero sí que se hagan las cosas bien hechas.

Lo que no podemos pasar por alto es el continuo empecinamiento de una minoría que sigue sin entender que el Espai Barça y la remodelación del Camp Nou no es única y exclusivamente mérito y trabajo de una junta directiva. En vez de disfrutar del momento y mirar al futuro sin ‘ismos’, es una pena tener que seguir leyendo consignas revanchistas y prepotentes como “ahora ya no hará falta elecciones”, “cómo deben estar los bartorrosellistas”...

Miren, como es algo que se puede demostrar con pruebas (no es una opinión), déjenme que les diga, una vez más, que Joan Laporta y Elena Fort siempre estuvieron en contra del Espai Barça, siempre. Principalmente porque el Espai Barça, una vez enterrado el Proyecto Foster, no era suyo. Laporta empezó a abrazar el Espai Barça solo cuanto vislumbró que lo podía acometer él y pasar a la historia como el presidente que lo hizo posible.

Eso ocurrió en verano del 2020, cuando sabía que habría elecciones y que se presentaría. Entonces cambió radicalmente de discurso. Y más tarde, también lo hizo Elena Fort. La vicepresidenta había criticado ferozmente que el Espai Barça costara 850 millones de euros, pero no dudó en dar por buenos los 1.500 millones (como mínimo) que va a costar ahora. Y sin Palau Blaugrana, que ese es otro tema que más pronto que tarde habrá que analizar, porque tela marinera.

No podemos pasar por alto el continuo empecinamiento de una minoría que sigue sin entender que el Espai Barça y la remodelación del Camp Nou no es única y exclusivamente mérito y trabajo de una junta directiva.

Afirmar que Joan Laporta ha sido un valiente por haber iniciado las obras del Camp Nou no tiene ninguna razón de ser. Hay que decir las cosas como son. Si las elecciones del 2021 las hubiera ganado Víctor Font, Víctor Font hubiera sido el presidente que las hubiera iniciado. Y si las hubiera ganado Toni Freixa, exactamente igual. Los dos candidatos, y es algo que tengo contrastado, hubieran iniciado las obras el mismo verano de 2021, no dos años más tarde. El presidente de la gestora, Carles Tusquets, había dejado el proyecto Espai Barça y su financiación con Goldman Sachs listo para ser ejecutado.

Y quienes acusan a la junta anterior de “no hacer nada” o “tardar en exceso”, varias cosas, también para hacer justicia. De no haber sido por aquella junta, Laporta no podría estar en disposición de inaugurar el Camp Nou (si gana las próximas elecciones, claro). No es justo vilipendiar caprichosamente a quienes estuvieron siete años trabajando en el proyecto y en los permisos. Fueron ellos quienes se tragaron la demora de doce meses de la administración de Ada Colau, que volvió a revisar todos los papeles uno a uno al entrar en el Ayuntamiento de Barcelona. Y también fue la anterior junta la que se comió enterita la impugnación a la totalidad de la CUP una vez el FCB y Ada Colau ya habían llegado a un acuerdo y que lo paralizó todo un año entero. Sí, así ocurrió. De no haber sido por aquello, en 2020 se hubieran iniciado las obras... con una financiación tres o cuatro puntos por debajo de lo que está costando ahora y también con la cobertura de Goldman Sachs... y no de veinte inversores.

Y dicho esto, un tema no menor, más bien esencial. Laporta y su junta (o callaron) se emperraron en firmar la financiación en el momento más convulso del mercado y con los intereses por las nubes después de la invasión de Ucrania, entre un 5 y un 7%. Cuando todo el mundo puso el freno de mano, los responsables del FCB no quisieron esperar ni unos meses, ni medio año ni un año.

Por eso, la línea entre la valentía y la inconsciencia es muy fina. Aquella decisión le acabará costando al FCB cientos de millones de euros más en intereses. Pero qué importa, ya lo pagarán los que vengan después, ¿no? Por eso no votó la financiación y acabó dimitiendo Jordi Llauradó, porque no quería ser responsable de semejante perjuicio económico al FCB y a sus socios.

Dicho todo esto, lo importante ahora, cuando sea, es volver a disfrutar del nuevo Camp Nou con orgullo y felicidad, porque es de todos, no solo de unos pocos.