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Valverde se ha nutrido esta temporada con Fati y Carlos Pérez

Calma para reflexionar sobre el plan

OPINIÓN

Xavi Torres

@xavitorresll

Tras un inicio de temporada desconcertante, es una realidad que el Barça ha recuperado el tono competitivo y, con él, la regularidad en sus resultados. Y, sin embargo, se suceden los partidos en los que los de Valverde juegan demasiado rato a lo que propone el rival. El Barça se adapta a ser vertical para encontrar espacios en Getafe, concede media parte al intensísimo guión del Inter y se aviene al intercambio de golpes con el Sevilla, confiando en su contundencia y sin reparar en el gobierno del choque; y la buena noticia es que sale vencedor en todos los contextos pero, a estas alturas, se desconoce si tiene o quiere tener un plan propio.

Si quiere seguir con el del año pasado, hacerse fuerte en las áreas prescindiendo de dominar el resto del campo de batalla, es probable que ahora tenga mejores argumentos con el despliegue de De Jong y el crecimiento físico de Arthur. Si quiere hacer algo distinto y convertir su superioridad individual en autoridad colectiva, la calma de este parón es un buen momento para la reflexión de Valverde, ahora que se han desvanecido las dudas sobre la competitividad del equipo tras encadenar cuatro victorias y despachar a otros tantos rivales a priori complicados como Villarreal, Getafe, Inter y Sevilla.

Hoy por hoy, se hace imposible discernir si Valverde busca en De Jong a un mediocentro menos posicional -lo cual implicaría un progresivo descenso del protagonismo de Busquets-, a un interior vertical o incluso una pieza con recorrido y buen pie para dibujar un doble pivote junto a Arthur. Y, del mismo modo, tampoco se vislumbra un plan definido para el encaje de Griezmann, a la vista que tiene opciones -Dembélé o Ansu- que se sienten mucho más cómodas en la banda izquierda y que, sobre todo, dotan al equipo de una amplitud que no puede imprimir el ex colchonero.

Tener perfiles distintos de futbolistas que permitan al entrenador agitar la pizarra cuando los partidos se tuercen es una riqueza -quizás el caótico Arturo Vidal sea el mejor ejemplo de ello- pero no es ninguna garantía. De hecho, la temporada pasada nos recuerda que jugar cada partido en función del rival es un negocio peligroso porque, tarde o temprano, te encontrarás un rival al que no puedas batir en su propio terreno. Y entonces vendrán los lloros por no haber trazado un plan, el que sea, en el que el Barça se sienta cómodo y pueda expresar toda la autoridad que deberían concederle la enorme cantidad de individualidades de que dispone.

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