El Atlético afianza el liderato

Sobre la cabeza y el final de liga

OPINIÓN

Guillem Balagué

@GuillemBalague

A todos nos han llegado las historias de jugadores que, cuando vienen mal dadas o la tensión es insoportable, pues eso, no la pueden soportar. Hasta ahora se han pasado de una tertulia a otra como ejemplos de un fracaso más o menos escondido. Si Portillo no aguantó la presión de Raul es porque no servía. Si Cicinho se encogía ante los desplantes de Marcelo era otra demostración de que no podía vestir la camiseta del Real Madrid. Conozco un portero que pasaba días en la cama tras un error y su mujer debía inventarse lesiones. Se disputaba la titularidad con otro que le ignoraba a todas horas, aunque estuvieran solos en la misma habitación. No pudo más y debió dejar el equipo y fichó por un club con menos expectativas.

 

Iván Campo sacó del armario la ansiedad y fue valiente explicando sus sensaciones a Vicente del Bosque (el corazón se le salía, le sudaban las manos, no podía volver a un terreno de juego). El Madrid le apartó del equipo por su bien y le pidió que ni leyera la prensa. André Gomes contó en Panenka la vergüenza que le daba salir a las calles barcelonesas cuando las cosas no iban bien, que fue a menudo.

 

Pensaba en todo ello viendo los últimos partidos de liga donde cada pase tiene el potencial de una caída a un barranco. Ante la posibilidad de descender, hay quien se crece y otros que se hacen pequeños. Pero ninguno de ellos es peor persona; es solo que están hechos con otros ingredientes. El último en contar sus experiencias, ahora que se pueden explicar y no afecta tu estatus en el equipo o la percepción de la prensa o la afición, ha sido Joe Bryan que marcó dos tantos con el Fulham ante el Brentford en los play offs de ascenso el año pasado. De eso no recuerda casi nada, pero de lo que si se acuerda es de la docena de partidos en los que, de repente, le entraron ganas de salir del capo y de su cuerpo, marchar a mil kilómetros de sí mismo. Y las muchas noches sin dormir. Hoy maneja la ansiedad como puede, pero cree reconocer algún aviso que le sirve para prepararse, ya sea en la calle o durante un encuentro. 

 

Recientemente Jordon Ibe (Derby) o Gregory van der Wiel (retirado) han contado su lucha contra la depresión y los ataques de pánico. Gianluigi Buffon dejó de ir a un partido justo por uno de esos ataques. Se equivocó Bill Shankly cuando dijo que el fútbol no era una cuestión de vida o muerte, sino mucho más que eso. Qué va. Puede parecerlo. Pero en el fondo es un deporte que a veces nos muestra nuestras debilidades y sobre todo y constantemente nuestras fortalezas. 

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