La salida de Frenkie de Jong está generando controversia en el seno del Barça

Buscar culpables en el caso De Jong

OPINIÓN

Sergi Capdevila

@scapde_45

Acabe como acabe el serial, ya nada volverá a ser lo mismo con Frenkie de Jong. Ese primer viaje a Barcelona siendo apenas un postadolescente. Cargado de inocencia y de sueños. La ilusión de construir un nuevo camino junto a su pareja. La ciudad con la que siempre había soñado se abría ante sus pies. Todo había sido idílico en su salida. La magnífica relación entre el club neerlandés y el Barça y la cantidad ingente de millones de por medio, sin duda, ayudaron.

Los ingredientes estaban servidos para que el enésimo talento de la cantera ‘ajacied’ desatara el tarro de las esencias. Poco se imaginaba que el precio y, sobre todo, el contexto irían poco a poco royéndole la moral y cortando las alas de una proyección que nunca ha alcanzado los niveles que el barcelonismo esperaba y anhelaba. De Jong ha vivido esa evolución tan típica últimamente en el círculo del primer equipo azulgrana. Expectación-esperanza-decepción-resignación. 

Y lo más doloroso quizás ha sido ver cómo esa 'pureza' y ese talento incuestionable que posee se han ido agarrotando. Cuántas veces, en tertulias informales, hemos llegado a la conclusión de que le faltaba soltarse. Desmelenarse. Estirarse. Tiene un don para aparecer por sorpresa, elegir el momento de romper líneas conduciendo. Un físico portentoso. Unos mimbres únicos. Pero precisamente el hecho de que nunca lo haya explotado de forma definitiva ha ido generando más y más frustración. Esa es la palabra. Demasiado a menudo hemos visto a un jugador frustrado.

UN SUEÑO HECHO AÑICOS

No hay nada cerrado. De hecho, es posible que nunca lo haya. Pero aun así toca plantearse por qué Frenkie no ha llegado jamás a crear unanimidad en cuanto a rendimiento en el ‘Universo Barça’. Partiendo de que hay poquísimas figuras que lo hayan logrado históricamente, claro. Por aquello del inconformismo crónico y tal. Ni Valverde, ni Setién, ni Koeman. Ni ahora Xavi.

Hemos visto buenas versiones del holandés, pero casi siempre cortocircuitadas o insuficientes para el paladar barcelonista. Ni como pivote cuando ha relevado a Busquets ni con más libertad llegando desde segunda línea. Víctima del caos existente a su alrededor y de dejarse llevar por un tedio que, sin ser él mismo consciente, lo han ido ‘acorralando’. Nunca ha dejado de destilar clase. Pero cada vez hay más escépticos sobre que pueda explotarla en Barcelona. Si siguiera, Xavi se rebanaría los sesos para conseguir lo que hasta ahora ninguno de sus predecesores ha sido capaz. Seguro.

Pero, después de todo, no quedará ni un ápice de la inocencia de aquel primer día. Algo para reflexionar.

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