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La bipolaridad de Cancelo, otro reto para San Hansi

Cancelo se abrazó a Xavi

Cancelo se abrazó a Xavi / Dani Barbeito

Mil anuncios después de la regla del 1:1, el Barça sigue sin estar en ella. Luego, sigue sin fichar lo que quiere y trayendo lo que puede. Esta vez, va a repetir con Joao Cancelo. Tiene mucho talento. Goles de calidad, repertorio en el uno contra uno y facilidad para el centro o el último pase. Nueve contribuciones de gol - 4 dianas y 5 asistencias - en 42 partidos, 89 regates buenos y 48 pases clave, sus números en el último año de Xavi. Aparentemente, incontestables. En un proyecto sin hacer, Cancelo impactó por sus brotes técnicos y su polivalencia. El míster llegó a utilizarle en los dos laterales y de extremo izquierdo. Tuvo más vistosidad que rendimiento y más ruido que nueces.

Su continuidad no se consumó entonces por una cuestión puramente económica, pero nadie salió a la calle a implorarle al club que hiciera un esfuerzo por él. De su juego, tres rasgos desesperon al personal: uno, su facilidad para desconectarse defensivamente; dos, su fútbol anárquico capaz de lo mejor y de lo peor; y tres, su tendencia a tomar malas decisiones. El zénit de esa cara B lo completó ante el Psg, en esos infaustos cuartos de Champions. El célebre error de Araujo solapó su foto en el empate de Dembelé y su lamentable penalty a Ousmane, para el 1-3. Tras el descalabro, hubo gente cercana a Laporta que le recomendó descartarle para el futuro. Ahora, siendo un perfil que nunca aceptó la suplencia, se suma a un equipo hecho, en el que habrá que ver su encaje cómo recurso de emergencia. Una vez más, habrá que agarrarse a la mano santa de Hansi. El Cancelo del 23 no va a valerle para el Barça del 26. Va a tener que rendir más. Muchísimo más.