Opinión
Bielsa, genio y figura

Bielsa en la rueda de prensa previa al Uruguay-Brasil / AP
Mientras en Europa hierve el fútbol en los campos y en las gradas gracias a una gran e igualada Eurocopa, con más o menos fútbol, pero con una emoción que demuestra lo vivo que está el deporte rey a nivel cultural en el viejo continente, tanto en las gradas como en el campo, nos lleva a la primera conclusión, la apuesta de la Unión Europea para distanciarse del deporte entretenimiento del ecosistema estadounidense, aunque el capitalismo lo hackee en los accionariados de los clubes de la Premier, como seguirá haciendo con La Liga, hace que el viejo continente sea el epicentro futbolístico global. Vigilemos con esta falacia. Tenemos el fútbol, otros tienen la propiedad.
Mientras tanto, en otra latitud, en la Copa América, la relevancia, a mi entender la ha acaparado otra vez el maestro Bielsa que ha superado al juego. Alguien que no debería pasar como uno más, un personaje que trasciende por sus resultados deportivos, por sus comportamientos, por sus actitudes, pero sobre todo por sus ideas y pensamientos. Un tipo paranormal para la normalidad rutilante, en ocasiones anormalidad, en que se mueve reflexivamente el fútbol.
Sus declaraciones, sus respuestas en las ruedas de prensa son lecciones de vida, doctrinas en formato de miniconferencias, obviando los tópicos y respuestas obvias, lo habitual entre los balompédicos de uno u otro continente. Deberían nacer, crecer y desarrollarse más bielsistas para aportar autocrítica a la evolución, nada darwiniana, del planeta fútbol. Podríamos empezar por sus citas referentes a como competir: “Es un error pensar que para conservar un resultado debe hacerse lo contrario de lo que se ha hecho para lograrlo”. ¿Cuántas remontadas de cuartos de la Eurocopa han acontecido bajo esos parámetros?
Pero vayamos a sus reflexiones no deportivas. Porque Bielsa se siente un docente, es profesor de educación física, un futbolista frustrado y fracasado, por eso tras cinco partidos en la élite cruzó la línea del campo para asentarse para siempre en los banquillos. Vive, piensa, habla, lee para y por el rectángulo de pasto, su vida, su obra; pero trasciende a ella con una lectura social rupturista para los nuevos patricios con los que convive, sus jugadores, casi todos con heráldica plebeya, que el dinero que cobran ha hecho olvidar tan rápida como evolutivamente. Intenta transformar desde dentro, alertándonos socialmente, desde allí, hacia fuera. Su Uruguay ha dejado en la cuneta deportiva a Brasil, pero ha aprovechado una pregunta de un reportero brasilero para vehemente atacar al sinsentido.
El negocio no puede romper el alma y la significación del deporte. El aumento artificial de los espectadores que devoran highlights pero no ven el juego es dañino. El fútbol debería volver a recuperar su esencia, como símbolo de significación del pueblo a pesar del dinero que lo envuelve. Privilegiar lo artificial para hacer crecer el negocio, va en contra de la naturaleza del juego. El dinero no es un episodio significativo para que Marcelo siga en el fútbol, lo son las emociones fuertes que le produce, que las envuelve de filosofía vital que nos debería conmover tanto como las jugadas de Messi. Nos alerta de lo que está pasando con el fútbol, escúchenle, por favor. Estamos a tiempo de reaccionar, Bielsa nos interpela, pero también nos avisa.
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