Marcelo Bielsa empezó las negociaciones

Bielsa, el flautista de Hamelín

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Nunca un apodo como el ‘Loco’ sirvió para definir al más cuerdo de los entrenadores y, por supuesto, respondió a algo que, como poco (o como mucho), se corresponde a la obsesión por el trabajo perfecto. Hay que estar loco para trabajar, comportarse y actuar como actúa Marcelo Bielsa, el entrenador argentino que, no hace tanto, no hace mucho, ¡ya!, tan solo hace unos meses, acabó con las penurias (16 años deambulando por las divisiones inferiores del imperio futbolístico británico) del Leeds United.

No tiene sentido (o tiene todo el sentido del mundo) que dioses de los banquillos, que acaparadores, no solo de títulos, sino de elogios, de parabienes (incluido el calificativo de ‘mejor entrenador del mundo’) como Pep Guardiola, digan que no hay otra fuente en este deporte, en este espectáculo (nada de en este negocio, Bielsa odia ese término) como el actual míster del Leeds. Por eso, el de Santpedor mamó de las ubres futbolísticas del ‘Loco’. 

Nadie sabe qué ocurriría si un día Bielsa cogiera al Real Madrid o al Barça. Podría durar dos semanas o dos décadas. Podría acumular títulos o ser despedido al primero de sus desplantes, fruto de una mala traducción, como ha estado a punto de ocurrir en el Leeds. Pero una cosa está clara, hay que oír a Bielsa, hay que leer al ‘Loco’, hay que disfrutar de sus sentencias porque todas (y cada una de ellas) son aplicables a cualquier club y/o equipo del mundo. ¿Por qué?, porque, simplemente, son futbolísticas, se basan en el fútbol, giran alrededor del fútbol, que es lo único que le interesa en esta vida.

Hace cinco días, cuando ganaba por 4-1 al Fulham y acabó venciendo por la mínima (4-3), un periodista le recriminó por qué no había colocado 10 jugadores detrás del balón, defendido el 4-1 frente a su área y liquidado el partido. “Lo que demostró el partido”, explicó Bielsa, sin mirar al periodista y pendiente, de reojo, de que a su traductor no se le escapase detalle alguno, “es que los resultados no se conservan cediendo el balón y defendiendo cerca del arco propio, sino que se conservan tratando de seguir haciendo lo que te permitió establecer esa diferencia, ese 4-1, esa ventaja, que es seguir jugando en campo rival y atacando”. Y, antes, mucho antes de que su curioso traductor (deberían verle la cara de miedo con la que traduce las palabras del maestro) contase en inglés semejante y acertadísima reflexión, Bielsa añadió: “Es un error pensar que para conservar un resultado, un 4-1, hay que hacer lo contrario de lo que se hizo para conseguirlo”.

Se puede ser más sabio, no, perdón, ¡no se puede ser más sabio!, pero, desde luego, es imposible estar más acertado. Y así son, de verdad, las reflexiones de este maestro al que solo le interesa que sus jugadores le escuchen y, como flautista de Hamelín que es, le sigan sin rechistar, a ciegas, porque saben que, al final, obtendrán la recompensa. “El fútbol es del que quiere al club. Ese es el corazón de esta actividad. El fútbol es de la gente”. Es una frase tan cierta, tan dura, que, incluso, cobra realidad en tiempos de pandemia. Y ahora que esa gente no puede tener contacto con su equipo, con su devoción, con sus jugadores, suena a rara y dura. De ahí que Bielsa considere que “el fútbol es el primer deporte del mundo, el más atractivo. ¿Por qué?, simplemente porque no siempre ganan los poderosos”. De eso sabe mucho Bielsa, porque ha sido grande sin estar siempre (o nunca) dirigiendo un poderoso. Los presidentes y dueños le temen, por su inteligencia, sin duda.

“No permitan que el fracaso les deteriore la autoestima. Cuando ganas, el mensaje de admiración es tan confuso, te estimula tanto el amor hacia ti mismo, que te deforma. Y, cuando pierdes, sucede todo lo contrario, hay una tendencia morbosa a desprestigiarte, a ofenderte, sólo porque perdiste. En cualquier tarea se puede ganar y/o perder, pero lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, eso sí es lo importante; lo importante es el tránsito, la dignidad con que recorriste el camino en la búsqueda del objetivo. Lo otro es cuento para vendernos una realidad que no es tal”.

¿A qué les suena? Ciertamente, esa reflexión es la de cada semana en el fútbol español, donde todo depende, lamentablemente, de ganar o perder, jamás de la dignidad con la que se recorre el camino para intentar vencer o defender con profesionalidad y coraje tu propuesta futbolística. ¿Quieren seguir disfrutando del ‘Loco’?, háganlo: “Soy un especialista en fracasos y sé perfectamente que las adhesiones se pierden cuando se acaba el éxito. Hay gente exitosa que no es feliz y gente feliz que no necesita del éxito. El éxito es una excepción y no un continuo”. Si Marcelo Bielsa está loco, es el loco más maravilloso… del fútbol.

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