Opinión
El Bernabéu sentencia a Vinicius y deja que Xabi Alonso llegue a la Supercopa

Vinicius, pugnando con José Ángel Carmona / LaPresse
El Real Madrid sigue sin jugar a nada. Ni plan, ni patrón, ni una idea reconocible que sostenga al equipo. La sensación es la misma semana tras semana: un gigante que vive del escudo, pero que se ha quedado sin fútbol.
En el minuto 83, Vinicius se fue al banquillo para que entrara Gonzalo y el Bernabéu habló antes que nadie. Aplausos hubo, sí, pero pocos. Lo que sonó fuerte fueron los pitos, demasiados como para mirar hacia otro lado. No fue un silbido de calentón ni una anécdota de final de partido: fue un juicio en abierto. La grada señaló a uno de los males del equipo, al símbolo más visible de su desorden. Cuando el Madrid no tiene juego, la figura que vive del caos queda expuesta. Vinicius es la imagen del Madrid que corre mucho y construye poco, que protesta más de lo que compite y que confunde energía con liderazgo. Y eso, con el brazalete de capitán en el brazo, no lo perdona el Bernabéu.
Lo más significativo es que el estadio blanco, esta vez, ha indultado a Xabi Alonso. El entrenador no sale ileso del diagnóstico —porque el Madrid no juega—, pero el Bernabéu le concede crédito. Le deja comerse los turrones. La Supercopa puede ser juez del técnico: el examen que ya no admite coartadas, el primer gran filtro de su proyecto. Pero el primer dedo acusador no ha ido hacia el banquillo; ha ido hacia el césped, hacia uno de los intocables.
La lectura es cruel y simple. El madridismo está cansado de un equipo sin brújula, pero ha decidido empezar por una pieza. Vinicius, en teoría un acelerador, se ha convertido demasiadas veces en freno. Un jugador que antes desatascaba partidos ahora los embarrra. Un futbolista que fue diferencial hoy parece atrapado en su propia guerra: con los rivales, con los árbitros, con el ruido, con su ansiedad por demostrar. Mientras, Mbappé va batiendo récords para hacer olvidar a Cristiano.
El Madrid no se arregla cambiando un nombre. Pero el Bernabéu, que suele esperar a los grandes derrumbes para dictar sentencia, ha disparado primero. Y cuando la grada decide señalar a una estrella es porque ha perdido la paciencia. Xabi Alonso, de momento, sigue de pie.
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