Opinión
Con uno no basta

El vídeo viral de Arbeloa entrando al Bernabéu por el que lo llaman "tribunero"
Con el nuevo morador del banquillo del club de Concha Espina, con un artículo no basta. En una semana, sus ruedas de prensa dan suficiente material para no finiquitarlo en singular. En mi primer artículo, recupérenlo aquellos que no lo leyeron, tras su tropiezo en Albacete, me quedé rematadamente corto en la descripción del 'personajillo'. Lo de Arbeloa es un catecismo recitado de memoria.
Sin una duda. Sin una grieta. Sin una idea propia. Tan solo un claro relato de la misa que debe leer. Transcrita. Ha interiorizado que los entrenadores del Madrid ya no comparecen: confirman, sellan y rubrican lo que baja de jefatura. Deben ser auxiliares del notario. En la sala de prensa, lo menos relevante es hablar de fútbol. Lo importante es la fe: del presidente, del madridismo, del escudo. La discrepancia es gente que no quiere al Real Madrid. Sabe quién son. Los apunta. Si no se capitula a la doctrina, se excomulga al discrepante.
Aunque si toca hablar de fútbol, se habla de Vinicius. Ese que abandonó el terreno de juego en soledad. Ese es dibujado como el perfecto soldado del régimen: “Uno de los jugadores más desequilibrantes del mundo”. Ejemplo de carácter, de sacrificio y de fidelidad a la causa blanca del palco. Silbado por esa discutible gente que no es madridista. No hay matiz, no hay crítica, no hay gestión: solo la orden de buscarle siempre, de darle todos los balones, de blindarlo a base de elogios absolutos.
Vinicius es un tótem al que se adora. Un futbolista solo virtudes. Se le protege, no tanto por lo que hace en el campo, sino porque sirve de espejo perfecto. Si le pitan a él, fallan los demás; si se equivoca él, se equivocan todos menos el palco. Hasta que Mbappé, el único líder, se harte de esta tontería. Si hace falta dejar de ser entrenador para convertirse en ujier de palacio se hace. Si se discrepa del presidente, fuera del madridismo, expulsado de la familia, degradado a enemigo exterior.
El matiz es demoledor: el Bernabéu queda bajo tutela moral. El socio paga, pero no tiene derecho a dudar del que manda, convertido por Arbeloa en la persona más importante de la historia del club junto a Bernabéu. Florentino ya no es un dirigente, es un dogma. Y él, un apóstol agradecido. Sabe perfectamente por qué está donde está. Sabe a quién debe su carrera y hacia quién dirigir sus genuflexiones. En el Madrid de hoy, entrenar es aceptar el peaje.
Arbeloa ha entendido el juego fuera del campo: defender al presidente, santificar a Vinicius, señalar a la grada díscola para convertirse en un empleado ejemplar. En ese banquillo nadie manda. Tan solo se obedece. Si el vestuario tiene un líder, este no viste de largo. El palco prefiere allí a un pelota con chándal del primer equipo. Su llegada al estadio fue ejemplar. Un actorazo. Las cámaras de 'Real Madrid Televisión' lo difundieron. Nada preparado. Pasar por la zona donde están las Champions y hacer una 'paradinha' tan preparada como forzada, para sorprenderse de la grandeza del club blanco. Amén. Si pierde más de lo que toca, le echarán a pesar de sus palabras.
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