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Ernesto Valverde, en Anfield

Bartomeu, obligado a hacer cambios; Valverde ya está amortizado

OPINIÓN

J.Mª Casanovas

La eliminación de la Champions ha provocado un terremoto de pánico escénico en los despachos del Barça. El fiasco de Liverpool fue tan grande, el cuarto en cuatro años con Bartomeu como presidente, que no merece un punto y seguido. Necesita punto y aparte. Es urgente analizar los motivos de la nueva debacle para tomar medidas drásticas cuando acabe la temporada. No basta con paños calientes. Hay culpables, responsables y colaboradores que no pueden salir de rositas ya que fue una herida que todavía sangra.

En el subconsciente de los seguidores barcelonistas pesa más haber perdido como se perdió la Champions que haber ganado la Liga. El fracaso de Anfield eclipsa el título liguero y deja tocada la final de Copa de Sevilla al convertirse en plato de segunda mesa. Fue tan grande la impotencia, tan inexplicable la actitud del equipo, que hay que entender el cabreo que ha dejado la eliminación en el entorno barcelonista. Es una derrota que pasará factura a la directiva si no sabe estar a la altura.

El presidente Bartomeu debe afrontar el problema con valentía. De lo contrario se va a convertir en un ‘boomerang’ en su contra. Es un problema grave que no se cura con antibióticos sino con cirugía. Está obligado a mover pieza, de lo contrario igual no llega al final de su mandato, 2021. Mantener a Valverde contra viento y marea puede crear una nefasta división. Los jugadores que no supieron hablar en el campo no pueden convertirse ahora en los abogados defensores del entrenador. 

Vaya por delante que Valverde es un tipo serio y honrado que a nivel nacional ha hecho un trabajo impecable pero la competición continental le viene grande por confiar más en las individualidades que en el equipo. Es un técnico que pone la misma cara cuando se gana la Liga que cuando pierde la Champions. No transmite empatía a los jugadores ya que no es un motivador como Guardiola o Klopp. Está amortizado pues no despierta confianza de cara al futuro. No merece que le cesen, su finiquito debe ser consecuencia de un pacto. No es el único ni el gran culpable, pero el vestuario necesita un golpe de timón para que los jugadores manden menos fuera del campo y rindan más sobre el terreno. Messi aparte.

No será fácil encontrar un sustituto que ofrezca garantías. El Barça es un bombón envenenado por los condicionantes de una plantilla que se ha hecho mayor pero a la vez un gran reto por su potencial económico. Hay que fichar a un técnico que conozca la casa, el estilo y el entorno. Dos opciones de distinto perfil comienzan a salir a la palestra. Ronald Koeman es claro aspirante por su experiencia y aval cruyffista, además se acaba de comprar un piso en Barcelona y cumpliría un viejo sueño. En el palco de Anfield, en el descanso, habló largo y tendido con Bartomeu de los fichajes de De Jong y De Ligt. La otra alternativa significaría repetir la fórmula Guardiola, confiar en el talento futbolístico de Xavi a pesar de su inexperiencia. Cualquier revulsivo parece mejor que seguir con más de lo mismo. Sin olvidar la renovación pendiente de la plantilla. De eso, escribiremos mañana.

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