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Maria Tikas

Maria Tikas

Redactora de la sección Barça

Lo del Barça no es normal

¡Históricas! El Barça, a su sexta final consecutiva

Gorka Urresola

El Barça jugará su séptima final de la Champions. La sexta consecutiva. Y lo más peligroso de todo es que ya no nos sorprende. Lo hemos normalizado. Hemos llegado al punto de exigirlo. De darlo por hecho. De reservar hoteles y vuelos con un año de antelación como si el camino hasta la final fuera una simple formalidad. Y no lo es. Nunca lo ha sido. Que este equipo haya convertido lo extraordinario en rutina es, seguramente, la mayor prueba de su dimensión histórica.

Porque no hace tanto, el relato era otro. Este mismo verano se hablaba de un proyecto debilitado, con salidas importantes, de que otros invertían mejor, fichaban mejor, entrenaban mejor, competían mejor. Se llegó a cuestionar incluso que el Barça pudiera ganar la Liga, porque claro, el Madrid lo estaba haciendo súper bien. Y hoy, meses después, el equipo ha arrasado en el campeonato, ha goleado en los clásicos, ha levantado la Supercopa, está en la final de Copa… y volverá a jugar la final de la Champions. Otra vez.

Y lo ha hecho en el contexto más exigente posible. En una Champions con nuevo formato, más dura, más larga, que obliga a competir cada partido. Terminó primero en la fase de liga. Ha superado eliminatorias. Y ha vuelto a estar donde siempre. Donde casi nadie llega y cada vez menos, porque el nivel sube, sube y sube. 

Patri, Pajor, Graham, Ona celebran un gol del Barça ante el Bayern

Patri, Pajor, Graham, Ona celebran un gol del Barça ante el Bayern / Gorka Urresola

Porque conviene recordarlo: esto no es normal. No lo es ni para los mejores. El Arsenal, campeón de Europa hace un año, ni siquiera estará en la final. Tampoco ganará su Liga. El Lyon, el gran dominador histórico, solo ha jugado dos finales desde 2021 y ha sufrido hasta el límite para plantarse tanto en la semifinal como en la final. El Chelsea, el PSG, el Bayern o el Madrid han invertido, han crecido… y se han quedado por el camino. Llegar es difícil. Repetir, casi imposible. Y el Barça lo ha hecho seis veces seguidas.

Pero hay algo más. Porque no es solo ganar o llegar. Es cómo. Este equipo no solo compite: domina. Tiene una identidad reconocible, una manera de jugar que lo convierte, probablemente, en el mejor equipo del mundo. Y lo hace, además, con una plantilla más corta que la de muchos rivales y con jugadoras muy jóvenes asumiendo responsabilidades enormes. Ahí está el verdadero mérito.

Futbolistas de 18 o 19 años con peso en este camino hacia Oslo. Talento formado en casa que no solo aparece, sino que decide. Una estructura que funciona, un cuerpo técnico que mejora cada año, un grupo ambicioso que no se conforma. Porque a veces no es cuestión de gastar más. Es cuestión de construir mejor.

El Barça no es solo un equipo que gana. Es un proyecto que se sostiene. Que evoluciona. Que entiende el juego y el momento. Y que ha conseguido algo que parecía imposible: hacer de la cima su lugar natural. Por eso, cuando llegue la final, no debería ser una obligación. Debería ser un privilegio. Aunque, visto lo visto, este equipo ha decidido que lo imposible también puede ser costumbre