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Como manda la tradición, Messi se fue del campo con el balón por el hat-trick contra el CD Leganés

El Barça no necesita pasillo

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

Solución?, solo una: meterle caña, es cosa nuestra, hay que meterle caña para que el partido no decaiga”. Cuando el Leganés marcó el 2-1 en el Camp Nou el pasado sábado por la noche, Ernesto Valverde, técnico del Barça, lanzó su chaqueta contra el asiento del banquillo con un enfado muy similar al que protagonizan los futbolistas cuando son, según ellos, injustamente sustituidos.

Era, sin duda, una manera de escenificar un “se veía venir… si es que nos hemos dormido… si es que hemos bajado los brazos… si es que nos creíamos que estaba ganado”, aunque la verdad es que de lo único que se trataba era de dosificar esfuerzos, controlar el partido y dejar pasar el tiempo.

Pero, no, la verdad es que el Barça no estaba poseyendo el balón para controlar el encuentro, sino que se estaba dejando dominar y, en efecto, corría peligro. No mucho peligro, porque estaba ganando y porque la Liga está muy, muy, bien enfocada, pero peligro de perder una oportunidad demasiado buena como para, en la recta final de la temporada, errar tanto y tan bobamente.

Pero se arregló, sí. No solo desde el banquillo se dieron cuenta de que tenían que meterle mano al equipo (de ahí que salieran Alba e Iniesta), también en el césped el capitán de capitanes, el enorme, el inmenso, el incomparable, Leo Messi, decidió tomar el mando y resolver, con otro triplete, un partido que, como se demostró ayer, era definitivo para consolidar, ahora sí (quiero decir, ahora sí que los madrileños han empatado) el título de Liga, que sigue sin estar aún (como le ocurre al City de Pep Guardiola) en sus manos, pero que ya empiezan a sacarle el polvo en la vitrina del museo al lugar donde figurará esta Liga, que ya tiene su récord (o, al menos, está igualado) de 38 partidos (con los siete de Luis Enrique) consecutivos sin perder.

De nuevo, como suele ocurrir, lo quieran o no reconocer los críticos, los mejores minutos del Barça frente al Leganés fueron más que hermosos, preciosos. Cierto, el juego fue mucho mejor en la primera parte, pero los azulgranas demostraron que, sin el equipo de gala, siguen en un extraordinario momento para poder seguir aspirando al triplete.

Porque, no nos engañemos, en la situación del Barça no hay muchos equipos y los que hay, como quedó demostrado también en el Santiago Bernabéu (donde reservaron a Cristiano Ronaldo y Modric) o en Manchester (donde Guardiola deberá esperar), han de jugar magistralmente bien sus cartas, de lo contrario no podrán alcanzar sus objetivos.

Y, llegado ese momento, es decir, el instante de coronarte como uno de los grandes campeones de la temporada, no importará que Zinedine Zidane o el mismísimo Florentino Pérez, como sospecha, con la experiencia de un pícaro culé, Joan Gaspart, no quieran hacerle el pasillo al Barça. Es evidente, como recordó en su día el ‘Txingurri’, que ese gesto ya se ha deteriorado tanto, tanto, que más parece una ofensa para quien lo da que un prestigio para el que lo recibe.

De lo que no cabe duda es de que hubo un momento en que muchos, demasiados, dudaron (perdón, volvieron a dudar de este Barça; ¿se acuerdan?, cuando empató tres partidos en una fase de cinco encuentros) que podría ser campeón con facilidad. Pues aquí lo tienen: líder desde el inicio y líder al final. Y campeón pronto. Con o sin pasillo. Allá ellos, amigos.

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