Jasikevicius, decepcionado con la derrota ante el Zenit

El Barça se la juega en San Petersburgo

OPINIÓN

Nacho Solozabal

MOMENTO CLAVE DE LA TEMPORADA

Al Barça siempre se le exigen títulos. O, como mínimo, que luche hasta el final por ellos. Una eliminación en cuartos por parte del Zenit, simplemente no entra en el guion. No sería aceptable después del esfuerzo económico, traducido en forma de incorporaciones, que el Club ha hecho en los dos últimos años. Además, el fiasco se produciría con un rival de menor cualidad y, por tanto, sería aún más incomprensible. Este escenario no ha de implicar una presión añadida para los blaugranas, pero deberán ser conscientes de lo que hay en juego. Hombres como Miorotic, Calathes, Higgins, y de hecho toda la plantilla, han de tener un rendimiento muy superior al que vimos en el Palau. Jugar en el Barça lleva implícito aceptar y superar estas situaciones de máxima exigencia, tanto a nivel de juego como de concentración mental. El balance de la temporada se hará, en buena parte, en función de si el Barça alcanza o no la Final Four. Una vez en Colonia, y a partido único, cualquier resultado será posible. Por tanto, el vestuario tendrá que hacer “pinya” y focalizar toda su energía en un objetivo común y prioritario. Todos los jugadores del Barça saben cuál es el camino para lograr la eliminación del Zenit. No tiene secretos.

 LA LUCHA POR EL RITMO

Es evidente que, en los dos choques del Palau, el Zenit se hizo con las riendas del juego, tuvo la iniciativa, y dominó a un Barça nervioso, impreciso, y superado mentalmente. Bajo estas premisas, el panorama, a priori, no parece halagüeño. En especial, debido a que el Zenit contará con el apoyo de sus seguidores, y son además conscientes de que tienen la gran oportunidad de eliminar al Barça. No obstante, estas ventajas de pista y público puede ser un arma de doble filo. Xavi Pascual, que tácticamente ha dominado hasta el momento la serie, tendrá ahora una presión que en el Palau supo trasladar al Barça. Veremos cómo le responden sus jugadores. Una de las claves del buen juego del equipo ruso ha radicado en su capacidad de llevar el partido donde más le interesaba. Xavi es consciente de que, si se mueve en un marcador alto y con mucho ritmo de partido, tiene pocas posibilidades de éxito. Por tanto, planteó ataques largos, gastando casi toda la posesión, cargó el rebote ofensivo para evitar el contraataque del Barça, y cerró el círculo con una defensa agresiva sobre los tiradores de Jasikevicius. Pero, a pesar de este buen planteamiento, el Barça lo podía haber destrozado si los hombres de Saras hubieran estado más centrados, duros y ambiciosos. No fue así, y el drama estuvo a punto de producirse. Ojalá que haya servido de lección. Es de esperar que, si en Rusia tampoco logran hacerse con la iniciativa, consigan como mínimo forzar un quinto partido en el Palau.

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