Opinión | MI PARTIDO
Colaborador de SPORT
Josep Maria Casanovas
Un Barça inteligente entierra el mito Mourinho
MÁS FUTBOL Y MENOS PATADAS. Wembley, otra vez Wembley. Diecinueve años después el Barça vuelve a tener una cita histórica en la ciudad donde ganó la primera Copa de Europa. El barcelonismo está de enhorabuena, la comunión entre el equipo y la afición es extraordinaria. El partido de la verdad hizo justicia. El mejor fútbol del Barça le clasifica por méritos propios para la finalísima por mucho que los madridistas se quejen y quieran cargar otra vez las culpas al árbitro. La explosión final de júbilo de los jugadores dando la vuelta al campo refleja perfectamente el mérito de esta conquista, jugaron un partidazo, con inteligencia y espíritu de equipo ya que el Real Madrid fue un gran enemigo que dio la cara en la segunda parte. Fue el clásico con más juego y menos brusquedades, nadie puede discutir la superioridad barcelonista.
EXCUSAS DE MAL PERDEDOR. La historia de este partido tendrá dos lecturas bien distintas. Los barcelonistas están orgullosos de su equipo al tiempo que los madridistas, intoxicados por Mourinho, seguirán hablando de un complot de la UEFA. Allá ellos. En la primera parte no chutaron ni una sola vez sobre la portería de Valdés mientras que Casillas sacó tres balones de gol. Mourinho se ha inventado una película para justificar la impotencia de su equipo y lleva el guión hasta las últimas consecuencias. Se suicidó en el Bernabéu y anoche fue incapaz de levantar cabeza. Florentino Pérez está donde se merece, casado con un entrenador que le ha dado más disgustos que alegrías. Atado a un banquillo que tiene un futuro complicado ya que el título de Copa a día de hoy vale poco.
LA GRAN NOCHE DE GUARDIOLA. Guardiola era anoche el entrenador más feliz del mundo. No lo podía disimular, sus chicos estuvieron a gran altura. Enterraron el mito Mourinho derrotándole en el campo y le dieron una lección de ética y buenos modales con las declaraciones. El calvario del portugués le llevó a esconderse en un hotel. Pep es un motivador de jugadores y Mou un agitador de masas, que gran diferencia. El gesto de dar unos minutos a Abidal fue un detalle que los jugadores valoran y agradecen, la guinda emotiva de una noche fantástica. Un Barça con catorce canteranos, el mejor Barça de la historia, pasó por encima de un Madrid que lleva gastados 400 millones y no consigue romper la hegemonía culé. Si además se proclaman campeones en Wembley, será demasiado.
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