Opinión

Colaborador de SPORT.
El Barça y la generación milagro

Flick: "Cubarsí ha hecho un partido increíble" / RFEF
En las postrimerías de la era Bartomeu, examinar la plantilla del Barça era toda una osadía psicológica. Algo así como abrir la nevera de un piso de estudiantes: intuyes que algo encontrarás, pero prefieres no examinarlo demasiado si quieres no desfallecer de inanición y falta de calorías…
Quién entonces, allá por 2021, protagonizaba nuestros sueños, hoy, en comparación con los que cayeron exhaustos entre aplausos el pasado martes, nos parecerían una broma administrativa. Allí aparecían nombres que hoy suenan a expediente extraviado: Dest, Braithwaite, Pjanic, Coutinho, Lenglet, Trincao, Matheus, Junior Firpo… Bueno, esos y De Jong, que el holandés de cabellera al viento, siempre parece haber estado aquí, aunque nadie lo haya notado, en una supuesta estrategia deportiva que más que un plan, hoy parecería un flan…
Ese era el Barça que heredamos. Un museo de urgencias. Una colección de parches. Un equipo que parecía diseñado por un iluminado con resaca. Ninguna catalanidad, bien poca Masía y nulo, absolutamente nulo, apego con la afición. Pero alguien lo cerró. Hoy nos tienen seducidos, niños. Niños de aquí, niños muy buenos. Niños tan y tan insospechados que da la sensación de que en cualquier momento aparecerá un profesor preguntando quién les dio permiso para salir del instituto y meterse a gamberrear en un campo en obras al final de la Avda. Pius XII.
Ahí está Cubarsí, que defiende con la serenidad de un veterano de guerra mientras aún debería estar revisando la obra de Immanuel Kant. Marc Bernal, que ocupa el centro del campo del mejor equipo del mundo con la naturalidad con la que otros deambulan entre porros. O Lamine Yamal, ese adolescente que juega al fútbol como si hubiese venido del futuro a enseñarnos malabares. Una columna vertebral que, por edad, te lleva más a la Copa Danone que a la final de Budapest…. Pero no, el mundo mira. Porque este Barça no solo compite: enamora. Ilusiona. Encandila. Tiene esa mezcla peligrosa de talento precoz y desvergüenza que convierte cada partido en una promesa.
Y tras los focos, la mirada serena de Flick, de Deco, de Bojan, de Alexanco, Echevarría, Soler o tantos otros que han hecho de la pobreza y la necesidad, milagro. Si uno compara la foto de 2021 con la de ahora, la conclusión es casi indecente: de coleccionar problemas a coleccionar prodigios. Así que sí, conviene empezar a asumirlo: cuando un equipo cuya columna vertebral aún no se afeita, juega así, lo prudente no es ser optimista. Es soñar a lo grande. En modo enorme. De manera gigante y sin pedir disculpas.
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