Opinión
El Barça menos clásico

La trifulca al final del partido / V. Enrich
El clásico dejó sensaciones más bien amargas: pudo el Barça volver a ganar en el Bernabéu, pero dio la sensación de que los pronósticos pudieron más que el juego; la teoría pudo más que la práctica. El equipo de Flick perdió, pero con algo más de orden, fútbol y fe hubiera podido al menos empatar, porque ni el Barça está tan mal como indicaban algunas quinielas, ni el Madrid tan pletórico.
Pareció que el Madrid ganó simplemente porque tocaba, por estadística, para no hacer demasiada larga la racha victoriosa del Barça en los clásicos después de lo sucedido la pasada temporada. El Madrid volvió a ganar un clásico 18 meses después y el Barça no supo hacer nada para evitarlo.
Acabar el partido con Pedri expulsado (que el canario vea una roja es completamente antinatura), Araujo de extremo zurdo, De Jong de central y Koundé más despistado que de costumbre resulta bastante inquietante. Para completar el cuadro, con Flick desde un palco del Bernabéu, la sensación general fue de caos y de resignación. Una pena, porque el partido estuvo para pelearlo hasta el minuto 100.
El Barça pasó de ser atropellado por momentos a tener opciones al menos de empatar. Le faltó coraje, fe y cuajo para rebelarse contra las circunstancias. Fue un Barça anómalo y extraño, poco reconocible: en un equipo que suele ofrecer más errores que aciertos, se equivocó más de la cuenta en Chamartín.
El Barça contribuyó a dar vida al Madrid: demasiados jugadores estuvieron por debajo de su nivel, quizá amedrentados por el Bernabéu o descolocados por la dinámica del equipo. Ni siquiera funcionaron las dos apuestas de última hora; Araujo como delantero y Roony como agitador del juego.
Por otra parte, el partido retrató el comportamiento impresentable de Vinicius: nada nuevo en el día a día del brasileño, visiblemente molesto al ser sustituido y visiblemente cizañero cuando el árbitro pitó el final. Sorprende que el Real Madrid no encuentre a ninguna figura en su organigrama que sea capaz de explicarle al jugador que vestir esa camiseta exige un cierto comportamiento, una cierta clase, una cierta dignidad. ¿Ni siquiera Florentino se da cuenta de que el daño reputacional que Vinicius le hace al Real Madrid es incalculable?
Tampoco Lamine Yamal salió inmune del clásico: después de haberle puesto tanto picante en la previa, solo había dos opciones para él; puerta grande o enfermería. Tocó enfermería. El de Mataró no estuvo fino en el campo y fue el protagonista de la trifulca final. Conviene remar en la misma dirección para que Lamine sea el del año pasado: que no se deje despistar por ciertos oropeles y que sepa que centrarse en el fútbol es, en su caso, una apuesta ganadora.
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