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Jordi Badia

Jordi Badia

Jefe de deportes en Regió7

El Barça de baloncesto: el no ejemplo

Xavi Pascual sigue buscando la fórmula para estabilizar al equipo entre la elite

Xavi Pascual sigue buscando la fórmula para estabilizar al equipo entre la elite / Francisco Calabuig / PIM

El FC Barcelona de baloncesto empezó la temporada mal. Revivió con la destitución de Joan Peñarroya y la llegada de Xavi Pascual. Sin embargo, la reacción no duró lo suficiente y ahora que llega el tramo decisivo para pasar a las eliminatorias para los títulos ya vuelve a estar en una situación delicada tanto en la Euroliga como en la ACB. Es tan verdad que ha tenido pega con las lesiones y que la situación económica no le ha permitido paliarlas con fichajes, como que es un mal que la sección arrastra desde hace años. No es un problema coyuntural, sino estructural.

Si la semana pasada hablábamos del Barça femenino de fútbol como ejemplo del trabajo bien hecho, el baloncesto azulgrana es el no ejemplo. Ya se comprende que tiene sus especificidades. Sin embargo, hay carencias que explican la dinámica negativa en la que entró el equipo, de la que no sale y que la junta directiva del club y la sección podrían plantearse corregir.

La sección necesita estabilidad en los despachos y en el banquillo pero, también, en la pista. Cambiar cada año medio equipo, como ya se insinúa, nunca ha funcionado. También necesita encontrar en la base a jugadores que lleguen al primer equipo, crezcan con él y se mantengan el mayor número de temporadas posibles. Ya se sabe que Europa es el mercado secundario de los Estados Unidos y que el atractivo de la NBA y la liga universitaria es imbatible. Pese a ello, encontraríamos ejemplos de jugadores que se han formado en la base y que ahora son jugadores clave en equipos de primer nivel. También en la historia del club encontraríamos a varios.

La clave es que el equipo recupere identidad y los aficionados se reconozcan en él. Probablemente, Xavi Pascual sea el entrenador idóneo para conseguirlo. Pero debería ser el Pascual que no dudaba en ser su entrenador y el Pascual que no creía que si no se puede competir, mejor no estar. Ganar nunca es una obligación. Se es del equipo con el que te sientes identificado y lo sigues en la medida en que te hace pasarlo bien y te enorgullece. Y siempre quieres que esté presente.