Opinión
Arbeloa es la desesperación
Florentino sigue anclado a los tiempos del estilo barriobajero de Mourinho

Florentino Pérez, fiel defensor de Mourinho y su filosofía de juego / JUAN CARLOS HIDALGO / EFE
Si el fútbol es felicidad, el Barça es el reino de la sonrisa. El Madrid es el gesto serio de su presidente, que no sonríe ni cuando es campeón. De hecho, el día que celebraba la ‘15’ dijo “aquí empieza el camino de la decimosexta, por eso somos el Real Madrid”, un club convertido en un número e instalado en la obsesión. Florentino Pérez, alguien acostumbrado a los algoritmos, convirtió el club en una empresa cuyo único objetivo es ser el primero. No importa el cómo porque solo cuenta la foto final, el trofeo, el titular y la portada.

Xabi Alonso saluda a Florentino Pérez en la entrega de premios de la Supercopa. / EFE
La idea es perversa: ser feliz es ganar. Y punto. Dominar y no disfrutar, la prosa funcionarial como forma de vida, en contraposición a la poesía. El Madrid gana como quien se toma un café cargado: subidón rápido, intensidad artificial y la falsa sensación de satisfacción que desaparece al cabo de unos minutos. Victoria, dos portadas, cuatro consignas repetidas a través de sus altavoces y, al día siguiente, el vacío. Es triste levantarse al día siguiente de ganar la Champions y solo recordar un número porque, en el fondo, es lo único que queda.
Esa es la gran diferencia entre un equipo que solo gana y otro que, además de ganar, triunfa y deja huella. El triunfo deja memoria y permite que el recuerdo no sea una imagen estática con un trofeo en alto, sino una camiseta alejada del cuerpo enfrentándose al Santiago Bernabéu tendida por Leo Messi. Lo que trasciende es la uña de Sergi Roberto rozando un balón y provocando una remontada tan estéril en el palmarés como inmortal para la historia. El Barça es mucho más que un número. Por eso nadie recuerda sus Champions, pero sí su fútbol.

Arbeloa se estrenó con una eliminación ante el Albacete en Copa del Rey / SPORT.es
Por eso Xabi Alonso fue fulminado el primer día que perdió un título, no antes ni después, y Arbeloa ya no sirve tras caer en la Copa. El siguiente deberá preguntarse por qué se ha perdido, una pregunta imposible de responder en el Real Madrid porque tampoco saben por qué ganaron. La reflexión, no literal en la forma, pero sí en el fondo, es de Johan Cruyff. El Real Madrid ha perdido, desde la llegada de Flick, todo aquello que podía perder contra el Barça y las consecuencias son un club desesperado, a imagen y semejanza de su presidente, que ha perdido tres finales consecutivas ante los blaugrana. Colocar a Arbeloa, otro de los alumnos menos aventajados de Mourinho, el trepas del 155, tras perder un título menor es estar en el desierto pensando que en esta playa hay mucha arena. Es guiarse por impulsos alejados de la más mínima reflexión. Siguiendo la lógica autodestructiva de Florentino, cuya mente sigue anclada a las guerras barriobajeras de Mourinho, el próximo entrenador, sin duda, debería ser Pepe.
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