Ansu Fati, nuevo dorsal 22 del FC Barcelona

Un año que vale una década

OPINIÓN

Bojan Krkic

@BoKrkic

El 2-8 ante el Bayern es uno de esos KO que te deja tumbado en la lona y del que recuperarse requiere, sobre todo, paciencia, regresar a casa, tumbarse y someterse a un tratamiento de larga duración. No es posible, al día siguiente, levantarse y volver a competir como si no hubiera pasado nada.

Sí, somos el Barça, pero con eso no es suficiente, eso no lo cura todo. Pasar de una derrota tan dura a sentirse capaz de ganar la Champions es un ejercicio de optimismo poco realista. Sobre todo cuando el año en el que entra el club es tan trascendental que, al final del mismo, pueden darse tres cambios sustanciales que lo contaminan todo.

Tres pilares básicos de la entidad piensan en un futuro blaugrana a corto plazo: la presidencia, el entrenador y su mejor futbolista, Leo Messi. Bartomeu, porque así lo mandan los estatutos, saldrá el próximo verano (si la moción de censura no le obliga a hacerlo antes). Ronald Koeman, si entra un nuevo presidente, es posible que viva una sola temporada haciendo realidad su sueño en el banquillo del Camp Nou. Y el capitán quiso dejar el equipo este verano y, si nadie lo remedia, lo hará gratis la próxima temporada. Ante una situación así, pensar en ganar la Champions es algo ingenuo. Toca rearmarse y pensar a medio y largo plazo.

En este punto es cuando me viene a la mente el nombre de Ansu Fati, que ejemplifica el proceso a seguir en una sola persona. El canterano no puede convertirse, de la noche a la mañana, en el jugador en el que repose todo el peso de una entidad tan grande como el Barça, pero eso no significa que no pueda hacerlo en el futuro y, para ello, necesita que el camino sea el correcto. Ansu Fati necesita entrenadores como Luis Enrique. Si en la Selección Española hubiera un entrenador más conservador, aún no habría debutado ni, obviamente, marcado su primer gol con España.

Cuando ha tenido la oportunidad, ha respondido y este hecho demuestra que Ansu necesita un entrenador atrevido, que confíe en su talento innato y sepa cómo hacerle crecer. Y eso no significa que deba ser ya titular indiscutible (es lo que decíamos del proceso), pero sí debe participar cada fin de semana, jugando de inicio o saliendo desde el banquillo, pero acumulando siempre minutos. Tiene que ser, ya, importante, convertirse en un proyecto de club. Un club con perspectiva. Algo incompatible con firmar a un futbolista como Depay. El holandés supondría un freno para el canterano en un momento crucial. Memphis podría ayudar a salvar la temporada, pero bloquearía el crecimiento de un activo para le entidad que puede ayudar a ganar grandes cosas durante toda una década.

SUÁREZ, UN ADIÓS A LA ALTURA DE SU GRANDEZA

Se va uno de los mejores delanteros que ha tenido el Barça en toda su historia. Luis Suárez se despidió ayer del club y de sus aficionados en un acto sobrio junto al presidente, Josep Maria Bartomeu, pero en el que demostró entender exactamente qué significa ser jugador del Barça y, sobre todo, cómo salir del club siendo un caballero. Me gustaron mucho sus palabras y su manera de expresarlas en un momento nada fácil para él.

Luis ha demostrado tener un carácter explosivo dentro del campo que le hace único y le ha convertido en leyenda del club, pero también una manera de decir adiós elegante, pese a las diferencias que pudiera tener con la actual directiva, dando una exhibición de saber estar junto al presidente blaugrana.

Esa es una virtud hoy en día, en un mundo en el que los intereses de unos y otros pueden llegar a chocar. Solo queda recordar sus goles, los muchos que ha marcado, agradecerle la entrega que ha puesto siempre, desde el primer día que llegó al Camp Nou y desearle que le vaya todo muy bien en su nueva etapa como futbolista del Atlético. Como dijo Bartomeu en su despedida: "El Barça será siempre su casa porque ya es unuo de los nuestros". 

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