Opinión
Sin ambiente de Navidad

La cuenta atrás en las elecciones al Barça transita sin grandes emociones / Dani Barbeito / SPO
Cuando acercándonos a fin de año vamos en mangas de camisa, no se anuncian frentes fríos ni hay nevadas, cuando no se oyen villancicos ni hay luces en las calles… decimos que no hay ambiente de Navidad. Como si el ambiente se esperara en un pack indivisible de gorro de Papá Noel, martilleo visual de spots de colonia con modelos imponentes y un hilo musical de Mariah Carey persiguiéndote en carrusel por los supermercados. Sin eso, parece que la Navidad sea un simulacro comercial, una fiesta sin alma, un turrón sin almendra.
Pues algo parecido le pasa ahora mismo al Barça en clave electoral. No hay ambiente. Y no porque falte una fecha en el calendario, que la hay, sino porque no se respira nada. Ni ilusión, ni tensión, ni nervio. Nada. Como una Navidad a 22 grados, en manga corta y con el sol templado entrando por la ventana.
Laporta va tan confiado que sonríe, flota y se pasea como si la cosa estuviera hecha. Tanto, que ni se molesta en subir el volumen. Total, ¿para qué encender las luces si todo el mundo cree que es de día? Pero que vaya con ojo. Mucho ojo. Mientras tanto, la oposición hace, cómicamente, todo lo contrario: mientras uno cree que ya ha ganado (y no lo ha hecho), los otros, más divididos que el vestuario de Arbeloa, creen que ya han perdido (y tampoco). Y cuando uno no cree, no canta. No grita. No molesta. Solo muere y mata de aburrimiento.
El resultado es un silencio atronador. No se oye un eslogan que te persiga. Una imagen que te convenza. No hay una canción pegadiza que odies, pero no puedas evitar tararear a la vez. No se ha visto un lema con recorrido, ni una frase ocurrente que haga levantar una ceja. Nada. Solo posters de diseño inadmisible de actos sin seguidores creados por el Photoshop de un becario. Ningún golpe sobre la mesa. Ninguna idea creativa y llamativa. Nada que huela a victoria, a riesgo, a ambición.
Y claro, luego diremos que no había ambiente, como si el ambiente se generara solo. Pero no. El ambiente se fabrica, se provoca, se fuerza. Igual que la Navidad: alguien tiene que poner las luces, aunque haga calor. Si quieres interpelar al socio, ¡háblale! ¡Grítale, coño! De las alternativas electorales que han trascendido, una parece el título de una película de ciencia ficción de Stanley Kubrick, otra el nombre de un casal de la tercera edad en la Garrotxa... Si quieres que te abracen, ¡Pide un beso! ¡pon el nombre de mi club! ¡háblame de emociones! Las urnas están por llegar, sí, pero las urnas, como las armas, las carga el diablo. Y que nadie de la espalda… Aunque aún no han llegado, hay pistoleros que nunca fallan.
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