Alexis, diamante en bruto

Alexis, diamante en bruto

Martí Perarnau

Es el zapador que abre paso. Si David Villa siempre fue como un puñal que cortaba las telas y Karim Benzema es un bailarín de claqué en el área, Alexis Sánchez es una tuneladora que agujerea los muros rivales. Alexis es tal diamante en bruto que su segunda temporada promete quitar el aliento de la afición barcelonista. Hay que entender, no obstante, lo que se puede esperar de él y, por tanto, lo que el entrenador y el equipo le piden: que barra el suelo que pisará Messi. Puede parecer poco glamouroso para un delantero como el chileno, pero es que a sus espaldas siempre aparecerá el mago Messi con su eficacia inaudita (uno de cada cuatro remates suyos es gol) y sus récords prodigiosos. A Alexis no hay que medirle por el número de goles que consigue, sino por lo que le facilita la vida a Messi.

Cuando digo que es diamante en bruto me refiero a dos aspectos: a su polivalencia como atacante y al potencial de progresión. Alexis puede jugar donde quiera. De hecho, en muchos otros equipos acapararía todos los focos y el propio juego del conjunto. Como extremo posee velocidad, desborde y regate. Como atacante central, tozudez, capacidad de lucha y valentía. Un delantero capaz de hacerse con Pepe y Ramos en el Bernabéu sin pestañear, llevándoles de un costado al otro, no es un cualquiera. A esta mencionada capacidad de polivalencia añadamos otro detalle no menor: mentalmente parece incombustible. Después de tirar mil desmarques, de chocar contra muros y de intentarlo mil veces, vuelve a empezar, a desmarcarse, a chocar y a reintentarlo. Alexis es agotador per se y por su tozudez.

Además posee un amplio potencial de progresión. Su primer curso, hipotecado por algunas lesiones, resultó de inmersión en otro mundo futbolístico. El Alexis italiano era una cosa; el Alexis que levanta la Copa del Rey es otro futbolista. Ya empieza a entender el juego del Barça: no solo lo que se espera de él en cuanto a aparición, sino sobre todo en la discreción sin balón. En la elección de los momentos, en la aparición más que en la presencia, cuándo tirar una diagonal, cuándo esperar para que llegue un compañero en mejor disposición. Se vio a final de temporada y se comprueba en estos inicios de la actual, cuando incluso su silueta se aprecia más fina, como si su apariencia física empezase a contagiarse de la ligereza de los colegas de vestuario. Por experiencia sabemos que el primer año en el Barça de un futbolista foráneo es complejo por el reaprendizaje futbolístico al que se ve sometido. Alexis ha superado este proceso y llega a su segundo año con otro lenguaje en sus botas, en condiciones no de correr más, sino de correr mejor porque ya comprende los pequeños secretos colectivos que marcan la diferencia en este equipo.

Si Villa puede suponer el regreso de 25 goles y un puñal en el costado izquierdo, Alexis es el diamante que erosionará las defensas rivales y limpiará la pasarela por la que desfilará Messi.