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Aitana no exagera: tenemos un problema

Aitana posa con los tres Balones de Oro

Aitana posa con los tres Balones de Oro / María Tikas

Antes de lesionarse, hace poco más de un mes, unas palabras de Aitana Bonmatí resonaron con fuerza en el fútbol español. Lo hizo en El Larguero (SER), sin rodeos y con la autoridad que le dan tres Balones de Oro: “Nuestra Liga está algo dejada de la mano de Dios. No sé a quién le importa exactamente. Muchas hemos alzado la voz y hemos pedido cambios, una liga más competitiva. Será mejor para todos y todas: jugadoras, equipos, el producto, los aficionados… pero no sé qué pasa aquí”.

Días después, la presidenta de la Liga F, Beatriz Álvarez, respondió en MARCA apelando al crecimiento y a la necesidad de un diagnóstico “más positivo”. El problema es que el discurso institucional no acaba de encajar con la realidad que perciben las protagonistas. Sí, hay más nivel. Pero también hay menos interés.

Las asistencias no despegan, solo en algún partido puntual. Incluso el Barça, el mayor generador de atención y consumo, ha visto cómo las cifras en Liga ya no son las de hace unos años. No es una cuestión de talento —porque hay muchísimo—, sino de saber aprovecharlo, potenciarlo y venderlo para que genere interés y negocio. Y en ese terreno, otras ligas, con un nivel deportivo inferior al que nos pretenden vender, van muy por delante.

Porque no es solo la opinión de Aitana. Es una sensación extendida en los vestuarios. Hay demasiados equipos y el nivel competitivo se diluye. Los derechos televisivos se venden por la mitad que en Inglaterra. Las retransmisiones son pobres, con pocas cámaras y realización deficiente. El arbitraje genera desconfianza y el VAR introduce más interrupciones que soluciones. La comunicación digital es floja y el crecimiento comercial, lento. A todo ello se suma un salario mínimo que todavía está lejos de permitir una profesionalización real.

Mientras tanto, el mercado envía señales preocupantes. Agencias históricamente arraigadas en España han realizado este verano más operaciones en el extranjero que en casa, no solo por el mayor músculo económico de otras ligas, sino también por las trabas internas que existen aquí a la hora de fichar, inscribir o planificar proyectos con ambición. No todo es responsabilidad directa de la Liga: muchos clubes siguen tratando a su equipo femenino como un apéndice, sin estructura, sin recursos y sin una apuesta real. Y cuando el mensaje que se transmite desde dentro es de conformismo, el talento acaba buscando escenarios donde crecer de verdad. Falta autocrítica y acción.

La selección ha dado un paso adelante. Pero si no se mejora la competición doméstica, el cansancio llegará. Y entonces ni los Balones de Oro ni el cartel de campeonas del mundo bastarán para sostener el relato. Porque hoy, guste o no, sin el Barça el invento se tambalea. Y el problema no está en el césped, sino en todo lo que falla alrededor