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Los agentes, el negocio de estar ahí

Jorge Mendes, en Montjuïc

Jorge Mendes, en Montjuïc / EFE

Ser agente de futbolistas no siempre es una vocación buscada. A veces surge porque un familiar resulta ser un prodigio, otras por tener don de gentes y saber ganarse la confianza de jóvenes promesas. También hay quienes ya directamente se forman para obtener una de las licencias que FIFA exige para poder operar en el mercado de traspasos. Y no es de extrañar que haya personas cuyo deseo ya no sea el de dirigir un club, sino una agencia de representación. Con mucho menos presión mediática ni de los aficionados, el negocio de los agentes es uno de los más lucrativos de la industria: 1.367 millones de dólares en ingresos únicamente en 2025, prácticamente el doble que en el año anterior. Un récord que no sorprende si uno entiende su rol cada vez más central en un mercado tan opaco como dinámico.

Ahora bien, ya no todos tienen el sello oficial para dedicarse a la actividad de cuidar la carrera de atletas o a, en un momento dado, ser el lubricante necesario para conseguir tirar adelante operaciones que parecían condenadas al fracaso. Porque no sé si lo saben, pero desde hace un par de años la FIFA exige aprobar un examen para ejercer. Y no, no se preocupen porque hay veteranos que han dejado que personas de sus agencias hayan hecho ese trabajo por ellos para centrarse en lo que realmente los ha hecho relevantes: la agenda del teléfono.

Si lo piensan, los agentes no dejan de ser una especie de brokers como los de la bolsa, kioskeros ambulantes que en su escaparate ponen la mercancía de otro a cambio de un margen. En definitiva, una fuerza de ventas comercial externa a los clubes para llegar adonde ellos no llegan. Bien sea por falta de estructura y relaciones externas en países concretos, o porque directamente no tienen intención de dedicar tiempo a sondea al mercado sobre una potencial venta o incorporación.

Porque no se equivoquen. Aunque nacieron para defender al jugador, hoy muchas agencias también trabajan para los clubes. No sólo asesoran, sino que desatascan fichajes o ventas. ¿Por qué un club necesita pagar por un servicio que se presupone deberían poder gestionar directamente? Porque ya son pocos los que operan como freelances y se centran en la carrera de un solo atleta. Hoy son compañías con una cartera de jugadores tan amplia como la agenda de contactos que han acabado creando para esa misión inicial: garantizar una carrera óptima en lo deportivo y lo económico, a cambio de un porcentaje del salario.

Y ese porfolio hace que triunfe el “hoy me ayudas tú, y mañana ya vemos qué puedo hacer por ti”. Los datos lo avalan, porque cuanto más alto es el traspaso, en más operaciones aparece la figura del agente. La pregunta es si tiene lógica económica para un club pagar entre 78.000 dólares y 977.000 dólares por traspaso en concepto de servicios prestados. Dirán que mejor un coste variable que una estructura fija. O quizás simplemente es más cómodo delegar… y cruzar los dedos.

LaLiga quiere movimiento en invierno

LaLiga ha puesto sobre la mesa un paquete de cambios en su control económico para intentar reactivar un mercado de fichajes que pinta frío. Entre las novedades que empezarán a aplicarse están las denominadas wild cards, que permitirán a cada club renovar libre de condiciones a un jugador por temporada, un alivio para gestionar plantillas sin “gastar” límite salarial.

También se podrán hibernar plusvalías: ganancias generadas en invierno que el club prefiera usar en verano, buscando no perder oportunidades solo por el calendario.

Y, quizá más significativo a medio plazo, LaLiga amplía las exenciones salariales vinculadas a cantera y jugadores veteranos: los contratos a la baja de futbolistas de 36 años o más podrán reducir costes de plantilla, y el gasto en fútbol base podrá restar hasta 2 millones de euros del límite salarial si lo aporta el accionista.

Son ajustes técnicos, sí, pero que pueden traducirse en más flexibilidad para fichar y gestionar plantillas.

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