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Se acabó el cachondeo con el Barça

OPINIÓN

Ivan San Antonio

@sanantheone

Reírse del Barça se estaba poniendo de moda. Lo hizo Suso con Pedri y el propio Sevilla en Twitter, con una imagen de Piqué persiguiendo a Mbappé. También el Mónaco se burló en las redes tras el 1-4 del PSG en el Camp Nou. El último en sumarse a la fiesta fue la empresa de pollo congelado y refrito, Kentucky Fried Chicken, usando la imagen de Bartomeu y también la de Leo Messi para mofarse del club. Bromear es sano, faltar el respeto es despreciable. Y, pese a todo, quien se deja pisotear debe asumir parte de culpa.

Se ríen por la incapacidad de ser tomado en serio. Eso es lo más grave, no el torpe sentido del humor de los enemigos, sino la escasa consideración hacia la entidad, cada vez menor porque, a nivel deportivo, ya no está entre los grandes de Europa y porque las sucesivas goleadas encajadas en la Champions han dañado la imagen blaugrana. Sin embargo, el mayor problema no está en el césped, sino en el palco. Es ahí donde los grandes clubs empiezan a ganarse el respeto del resto. En un fútbol lleno de tiburones que se aprovechan de la debilidad y pececitos a su alrededor que recogen las migajas de los primeros, solo un club potente, fuerte y respetable a nivel institucional puede evitar episodios como el de la empresa de los pollos. Es urgente recuperar poder en el terreno de juego, algo en lo que trabaja Koeman, pero lo es mucho más hacerse respetar a nivel institucional. El próximo presidente necesita dar un puñetazo sonoro encima de la mesa, levantar el teléfono y hacer sentir a sus interlocutores que el cachondeo se ha acabado. Como hizo Puyol con Suso o el CM poniendo en su sitio a su homónimo en el Sevilla.

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