El PSOE apunta a un cambio en el Gobierno si hay fracaso en Andalucía

El PSOE apunta a un cambio en el Gobierno si hay fracaso en Andalucía

Pedro Sánchez, durante una visita a Valencia.
| EFE

En el partido se ha instalado un clima de "pesimismo" de cara a las elecciones del 19-J. Se teme que un mal resultado condicione las generales y abra un nuevo ciclo político en España

Los nervios se han desatado en el PSOE. Empezaron a sentirse hace varias semanas, con la certeza del cambio en las perspectivas económicas que conllevaba la invasión rusa de Ucrania, la inflación galopante, los efectos en la cesta de la compra, la mala gestión política del espionaje a los independentistas, el cese de la directora del Centro Nacional de Inteligencia para calmar a ERC, la tensión de no contar con apoyos en cada votación importante...

Ahora el miedo a un mal resultado en las elecciones andaluzas del 19 de junio, que suponga la confirmación de un cambio de ciclo político en España, ha convertido esa inquietud en un verdadero dolor de estómago, persistente, punzante a ratos, y que ni en el Gobierno ni en el partido logran calmar. Por eso ya se piensa en un "revulsivo", en un "golpe de timón", que podría traducirse en una remodelación más o menos amplia del Gabinete. Pero no es esa la única salida en la que se tantea. 

En las terminales del partido, en Madrid y fuera, se percibe y se reconoce ese "pesimismo". Es innegable. Y ese estado de opinión ha situado a los socialistas ante la tesitura de cómo actuar, qué mejorar en los próximos meses para llegar en mejores condiciones a las próximas citas electorales. En la larga lista de fuentes consultadas por EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, diario perteneciente al grupo Prensa Ibérica al igual que este medio, ministros, presidentes autonómicos, dirigentes federales y territoriales emergen distintos grados de preocupación. Pero muchos coinciden en que Pedro Sánchez debe reaccionar si, como apuntan las encuestas que tiene la Moncloa, el PSOE andaluz solo alcanza a mantener el resultado de hace cuatro años, o incluso baja.

Pedro Sánchez, junto a Juan Espadas. | EP

Sin los socialistas sólidos en Andalucía, se extiende la idea de que Alberto Núñez Feijóo podría ser el próximo presidente, porque la comunidad es el granero tradicional socialista, y sin ella se calcula que es muy difícil retener el poder, por mucho que el PSC se afiance de nuevo en Cataluña. 

El umbral está situado en los 33 diputados que obtuvo Susana Díaz en las autonómicas de 2018, que ya fueron el peor resultado histórico del partido. Ya se consideraría un avance subir algo respecto a ese listón, pero deslizarse por debajo de él cuestionaría la propia continuidad del secretario general del PSOE-A y candidato a la Junta, Juan Espadas. Incluso en Ferraz reconocen que al partido, que siempre ha funcionado en Andalucía como una poderosa maquinaria bien engrasada —producto de los 37 años en el Gobierno—, le está costando "arrancar, entrar en calor", porque el ambiente está frío a una semana de que empiece oficialmente la campaña. "El problema es que si tenemos un bache, el clima se extenderá para generales", sentencia un alto mando territorial. El efecto puede ser demoledor para el ánimo de todo el partido. 

Remodelación del Gobierno

De ahí que haya permeado la sensación de que, si se firma un fiasco el 19-J, Sánchez tendrá que responder. Entre las soluciones se apunta a una "nueva remodelación en el Ejecutivo" o, al menos, a una "disminución de carteras". O a un relevo puntual de ministros para destinarlos a candidaturas municipales o autonómicas de 2023. O a una "cirugía fina" en el segundo escalón del Ejecutivo para mejorar la gestión de los fondos europeos y que se sienta esa "lluvia fina" en el bolsillo de los ciudadanos. 

Otros sugieren una mejora profunda de la comunicación porque "la gestión del Gobierno no llega a la sociedad española, no cala". Y "algo más de complicidad de los ministros" con las autonomías donde se gobierna. "Algunos no son nada conscientes de los problemas territoriales", aseguran. "A día de hoy no veo necesidad de una reacción, pero es razonable que se planteen todos los escenarios. Pero falta mucho y hay que ser prudentes", pisa el freno un presidente autonómico, tesis, la de la cautela, en la que se mueven otros de sus compañeros. 

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. | EP

En definitiva, no se apuesta por una sola receta, pero el diagnóstico "es claro". Algo no funciona. "Las alarmas están encendidas, pero se procura que no se vea el farolillo", asevera un mando territorial. Influye la fragilidad y la inestabilidad parlamentaria del Gobierno, sus socios y, sobre todo, indican muchos dirigentes, ese "ruido que impide marcar la agenda"

Una crisis mal resuelta

Pero también se observan deficiencias en el Gabinete. No se ha cumplido un año desde la profunda crisis que Sánchez acometió en el Ejecutivo, que supuso la marcha de pesos pesados como José Luis Ábalos, Carmen Calvo e Iván Redondo, y la impresión general es que "no ha salido bien", que las nuevas ministras "no se han consolidado", en especial la de Ciencia, Diana Morant, y la de Transportes, Raquel Sánchez, a quien se achaca además el "error" de no haber visto venir la envergadura de la huelga de los transportistas y actuar tarde. A Isabel Rodríguez, la portavoz del Gobierno, se observa que en la Moncloa la tienen "muy constreñida". Y la única sobre la que existe más unanimidad es la responsable de Educación, Pilar Alegría, la "más política"

La portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez. |

Lo que es un absoluto clamor, que se escucha sin cesar, es que el presidente "no tiene un pararrayos, un escudero", alguien que lo defienda con vehemencia "y dé golpe tras golpe al PP". Antes esa labor recaía en Calvo y Ábalos. Ambos, insisten muchos mandos consultados, no tienen herederos. El titular de la Presidencia, Félix Bolaños, que ha "mejorado" la coordinación en el Ejecutivo, es la mano derecha absoluta de Sánchez, el hombre en el que más confía y el que asume los encargos más difíciles, pero tiene un perfil más técnico y no cuenta con el galón de vicepresidente, aunque lo sea de facto. Y no se expone tanto en los medios. Adriana Lastra, la número dos del PSOE y dura combatiente contra el PP, ha perdido foco al dejar la portavocía parlamentaria. 

"No hizo una remodelación en el Gobierno de peso político", reconocen fuentes del partido, fue más "tactismo coyuntural —mujeres jóvenes, alcaldesas— que estrategia", con la intención de cerrar el episodio de la pandemia. "Falta política""gente que hable con autoridad, con peso", asumen.

"Menos Bolaños y algunos otros ministros de manera puntal, el resto o es muy sectorial, o se ha metido en líos o se ha apagado con el tiempo". "Si quisiera hacer una remodelación amplia, ahora tendría que tocar a Nadia [Calviño] o Yolanda [Díaz], o Teresa [Ribera], pero no lo va a hacer. O a Margarita [Robles], y tampoco, porque los ministerios de Estado no se tocan", subraya un presidente autonómico. 

Obligación de reaccionar

Fuentes gubernamentales apuntan a que tras el 19-J a Sánchez "no le va a quedar otro remedio" que reaccionar. Que "hará algo", como augura un barón. Algunos ministros, ante esta posibilidad, han empezado a mostrarse más activos. Pero, aunque distintas personas del PSOE y del Gobierno ven una remodelación como una vía posible, no todos coinciden en que lo ejecutará.

"Sería reconocer que en julio pasado se equivocó y que sus apuestas no han funcionado", asegura un diputado. Tal vez, añade, una reducción de carteras en el bloque socialista, el de Unidas Podemos se mantendría igual porque obedece a la proporcionalidad de sus votos, para transmitir que toca 'ajustarse el cinturón'. "Yo no veo cambio de Gobierno en el horizonte", señala un ministro. Opinión que también se escucha en distintos estamentos del partido. 

Pedro Sánchez y Nadia Calviño. | EFE

Otros cuadros federales y regionales consultados advierten, de hecho, de que una crisis de gobierno, por sí misma, no resuelve nada, porque su efecto se puede diluir al poco tiempo, ahogarse. "Es verdad que algunas voces hablan de revulsivo, de gestos, de cambios en el Ejecutivo. Yo no haría cambios de personas, lo que sí mejoraría es la gestión de los asuntos, porque solo se habla de las negociaciones y de con quiénes se pacta o cómo se vota y no se habla nada de lo que se aprueba y de las políticas. Deberíamos hacer un esfuerzo mayor por marcar la agenda pública con las políticas que se hacen desde el Gobierno", concluye una responsable de la cúpula federal.

Lo resume así un dirigente territorial: "Lo deseable es un cambio de timón que supusiera un mensaje diferente. ¿El mayor problema es el ruido y el desgaste? Sí. ¿Lo evitas echando a varios ministros? No estoy seguro"

En el PSOE andaluz no ocultan la incomodidad por estas valoraciones que se extienden en el partido. Admiten que la del 19-J es una campaña compleja, pero que la federación, aunque "no por igual", sí está "cogiendo temperatura", activándose, y está "en la pelea por ganar las elecciones".

Juan Espadas y María Jesús Montero. | EFE

"El único que hace campaña es Juan [Espadas], recorriéndose toda la comunidad. No como Juanma Moreno, que hace un acto al día y punto. La situación no es fácil. Pero si el PP gobierna tendrá que explicar por qué pacta con Vox", aseguran en la cúpula. En el equipo del candidato, prefieren no "perder el tiempo" comentando ese "pesimismo" que sus compañeros detectan. Esperan revertir el ánimo con la campaña. Queda mucho camino, queda tela por cortar, dicen.

Y queda desembarco de ministros, del presidente —este sábado mitineará en Sevilla, tras haberlo hecho, en las dos semanas anteriores, en Jaén y Granada y su intención es recorrer las ocho provincias antes del 19-J— y de los barones autonómicos, convocados para el 12 de junio en Córdoba. Todo el PSOE mira ya a Andalucía. Y cruza los dedos.

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