Rossi, del escándalo al cielo

Josep Coves

¿Puede tener un papel destacado en el Mundial un futbolista que ha estado dos años sin jugar? ¿Es posible que acabe como máximo goleador sin haber marcado un solo tanto en los cuatro primeros partidos? La respuesta a ambas preguntas sería no, si no se tratara de Paolo Rossi.

El delantero italiano llegó justito a España 1982. Por tiempo y de forma. El jugador de la Juventus había sido sancionado por la Federación Italiana de Fútbol dos años antes –cuando militaba en el Perugia- por su implicación en el Tottonero, el escándalo de las apuestas que llevó al Milan y a la Lazio al descenso administrativo a la Serie B, como en 2006 sucedería con la Juventus. Lo más normal es que Rossi no hubiera entrado en la convocatoria de Enzo Bearzot, pero el seleccionador italiano confiaba ciegamente en él, al que ya había dirigido durante el Mundial de Argentina 78.

El veterano Bearzot no se libró de las críticas por su apego por Rossi. Y esa hostilidad de los medios se intensificó con el pobre desempeño del ariete de la azzurra, incapaz de marcar un solo gol en la primera fase, con Rossi convertido en un “fantasma” sobre el terreno de juego, según la prensa de su país. Italia se clasificó in extremis, gracias a su mejor goal-average sobre Camerún, para la segunda fase, en la que aguardaban dos rivales de altura: Argentina y Brasil.

Rossi, que no había dado señales de vida en la sede de Vigo, se destapó en Sarrià. Aunque no marcó en el primer partido de la segunda fase contra Argentina llevó de cabeza a la zaga albiceleste para explotar seis días más tarde frente a Brasil. La canarinha contaba con una de las mejores selecciones que se recuerdan: Sócrates, Zico, Falcao, Junior, Cerezo... Pero Brasil no contaba con que Rossi se iba a destapar a lo grande, marcando sus tres primeros goles del campeonato para la victoria de la azzurra por 3-2.

Rossi ya estaba ‘on fire’. Anotó otros dos goles en semifinales contra Polonia (2-0) y redondeó su actuación al abrir el marcador en la final contra Alemania (3-1), proclamando campeón del mundo a un equipo que unas semanas antes había sido devorado por las críticas y que se había quedado al borde de la eliminación. Rossi acabó como pichichi de torneo con seis goles, por delante de Rummenigge (5), y en diciembre fue elegido Balón de Oro.

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