Demasiado Mbappé para tan poca Polonia

Demasiado Mbappé para tan poca Polonia

Resumen, goles y highlights del Francia 3 - 1 Polonia de octavos de final del Mundial de Qatar | SPORT.TV

Dos goles y una asistencia a Giroud de la estrella de Francia borran del Mundial a la selección de Lewandowski, que en ningún momento se creyó capaz de avanzar a cuartos

La exhibición de potencia quedó para días posteriores, como si Kylian Mbappé decidiera a conciencia no desplegar todas sus artes en una misma jornada, no fuera a ser que se le gasten. Y quizá hiciera bien. Era el día para el remate violento y la asistencia telescópica, para la furia y la dulzura, para un yin y un yan que fue más que suficiente para abrumar a Polonia y descarrilarla de un Mundial que ya en la fase de grupos había sentido caducado. Nada pudo hacer un impotente Lewandowski para tratar de escribir otro desenlace.

Francia, en cambio, siente que el fuego real todavía no ha comenzado. Quizá lo haga el sábado frente a Inglaterra o Senegal. En realidad, la vigente campeona ofrece siempre la sensación de gozar de un arsenal de revoluciones superior al que muestra en sus partidos, generando la expectativa de que en algún momento se descorchará, reventando la lámpara del techo. Lo hizo hace cuatro años en Rusia y no existe hoy por hoy una aspirante con más méritos exhibidos para coronarse de nuevo en Doha el día 18.

Todo es más sencillo, claro, con este mayúsculo Mbappé, autor de dos goles y asistente del tercero. Esta Francia que un día fue de Griezmann y que amagó con ser de Benzema, al menos en régimen de copropiedad, es hoy suya por derecho consuetudinario, sin hipoteca ni plazos y a tocateja. Es el del PSG la estrella que más brilla en este Mundial, con cinco goles en cuatro partidos y la sensación de que la fiesta no ha hecho más que comenzar.

Por arriba, no

Lo único que le costó ligeramente a la Francia de Mbappé este domingo en el estadio Al Thumama fue adaptarse al escenario. La fisonomía natural de Polonia complicaba a la campeona del mundo la ejecución de su plan de cabecera, consistente en colgar balones al área para generar segundas jugadas. Pero los polacos, tan altos, recios y fuertes como los que más en esta Copa del Mundo, exigían a Francia avanzar un buen puñado de páginas en su libreto futbolístico para encontrar una receta que fuera verdaderamente efectiva.

La terminaron encontrando cuando el cuarto árbitro ya preparaba el marcador con el añadido del primer tiempo. Mbappé, casi sin margen para galopar hasta entonces, cambió el mono de pilotaje por el esmoquin para atisbar una grieta en la zaga polaca. Giroud, tantas veces señalado por su escaso tino goleador con Francia (acababa de fallar una clarísima tras un pase de la muerte de Dembélé), recogió el regalo y batió a Szczesny para adelantar a Francia y convertirse de paso en el máximo goleador histórico de su selección, superando a una leyenda como Henry.

Limitada Polonia

Hasta entonces, el combinado de Deschamps había sido superior, pero sin hacerse acreedor de ventaja alguna, siempre demasiados lejanos sus disparos como para sorprender a Szczcesny. Y Polonia, limitada en sus virtudes pero siempre encorajinada, había tenido la suya, que fueron tres en cinco segundos, una secuencia de esas en las que parece imposible que el gol no termine por aparecer antes de los títulos de crédito.

Polonia no solo perdió el valioso empate momentáneo con ese tanto, sino también algo mucho más importante: la fe en sí misma. La selección capitaneada por Lewandowski no se creyó en ningún momento capaz de dar la sorpresa a través de una remontada. Francia, por su parte, controlaba el escenario con una superioridad pasmosa y apenas con unos servicios mínimos de fútbol e intensidad. Le bastaba.

Fue en el cuarto de hora final cuando llegó el show de Mbappé, con dos goles de similar factura. El primero nació de un despeje de Griezmann en su propia área, que pasó por los pies de Giroud y Dembélé antes de llegar a su receptor final. La zaga polaca le dio tiempo para pensar y el del PSG lo agradeció, como volvió a hacer en el tiempo de descuento para anotar el tercero.

Un penalti por mano, pitado por el VAR, permitió a Lewandowski enjugar sus lágrimas en el instante en que el encuentro perecía. Lloris detuvo la primera intentona, pero estaba muy adelantado y el árbitro ordenó repetir el lanzamiento. A la segunda, el ariete del Barça sí consiguió marcar uno de los goles más amargos de su larguísima carrera. De poco sirvió, pues esa no era su tarde, sino la de Mbappé.

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