Japón le pega un sorprendente revolcón a Alemania antes del debut de España

Japón le pega un sorprendente revolcón a Alemania antes del debut de España

| SPORT TV

La selección asiática remonta en el cuarto de hora final el tanto inicial de Gündogan y suma los tres primeros puntos del grupo

En la carrera de los suplentes japoneses desde el banquillo hacia sus compañeros se percibió la magnitud de la gesta que acababa de lograr Japón en el Estadio Khalifa. Era la primera vez que se enfrentaban en un gran torneo a Alemania, a la tetracampeona Alemania, y lograron no solo vencerla, sino también remontarla. Un terremoto absoluto en el grupo de España, antes siquiera de que debuten los de Luis Enrique, y un varapalo tremendo para el combinado de Hansi Flick, ya obligado a vencer a la selección nacional en el segundo partido (domingo, 20.00 horas) para seguir vivo en este Mundial.

Arrancó Alemania con derrota por segundo Mundial consecutivo y agiganta así las dudas que ya tenía sobre sus espaldas. Aún resulta inevitable escuchar la palabra Alemania en el contexto de un Mundial y relacionarla con el pánico. Son muchas décadas de justa fama de rival temible, martillo pilón allá por donde pasa, poderosa en los físico y frontal en lo futbolístico como ninguna otra. Pero esa Alemania ya no existe, hace ya unos años que es otra diferente. Más virguera, más dinámica, más moderna. También menos eficaz.

Honorable, eso sí, por su gesto antes del comienzo del partido. Sus jugadores posaron para la foto oficial llevándose la mano a la boca, en protesta por la censura de la FIFA al brazalete LGTBI. Neuer finalmente no lo llevó (uno de los linieres fue a comprobarlo por si acaso) por la amenaza de ver una amarilla, pero la reivindicación quedó ahí.

Su suerte durante la primera mitad es que se encontró con una Japón voluntariosa pero nerviosa, más allá de un arranque en el que una pérdida de Gündogan acabó en gol nipón, anulado por una claro fuera de juego.

Sin delantero centro

Superado ese sobresalto, Alemania comenzó a imponer su ley sobre el campo, construida sobre un centro del campo sin estibadores, con Kimmich en la primera altura y Gündogan en la segunda, coronado el frente de ataque con cuatro maestros de la movilidad, Gnabry, Müller, Havertz y Musiala, desprovista como está la selección germana de un ariete de referencia.

Le resultó sencillo al conjunto de Flick dominar la contienda, buscando el intercambio constante de posiciones en ataque (Musiala brilló por momentos) y primando el juego raso, frente a una Japón que se atrevía a ratos con la presión y que trataba de mantener el orden defensivo, con un éxito relativo.

La resistencia nipona decayó pasada la media hora, merced a un error garrafal de su portero, Gonda, que en la misma jugada le hizo dos penaltis clamorosos a Raum. El árbitro señaló el primero de ellos, o quizá el segundo. Poco importa. El caso es que Gündogan, consumado especialista, adelantó a Alemania desde los once metros.

Havertz marcó otro antes del descanso, pero lo hizo en posición ligeramente adelantada. Entre unas cosas y otras, el partido empezaba a recordar a otros ya vistos en este Mundial. Pero no quedaba claro si tenía más similitudes con el de Argentina o con el de Inglaterra, disputado también en el Estadio Khalifa.

Cambios acertados

Costó que se resolviera la duda, porque Alemania no pareció tomarse demasiado en serio que tenía que hacer algo más consistente para garantizarse los tres puntos y permitió que Japón se rearmara a partir de los acertados cambios que realizó Hajime Moriyasu.

Adormecidos ya los europeos, Japón se envalentó a partir del minuto 65 y comenzó a transformar su timidez en furia, su modorra en descaro. Fue gritando a los cuatro vientos que venía el lobo sin que Alemania se diera por aludida. Lo iba a lamentar.

Porque tras realizar un paradón en el minuto 73, Neuer ya no pudo hacer nada para evitar que Doan empatara el encuentro, aprovechando el rechace de un chut de Minamino, que acababa de ingresar en el campo. Fue entonces cuando Japón se lo creyó, coronando su gesta en el 83, cuando Asano le robó la cartera a un Schotennberck blandísimo para marcar el segundo de los asiáticos.

Remontado el encuentro contra todo pronóstico, Japón tuvo claro que no se le iba a esperar de ninguna de las maneras tan tentadora oportunidad de hacer historia. Y así fue, desatando el delirio en el Khalifa y llenando de interrogantes el grupo de España.

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