"¡Hijos de puta, hijos de puta!"

Josep Coves

Seis palabras, seis, salieron de la boca de Maradona y como seis lanzas envenenadas se estrellaron contra los tifosi italianos. Argentina y Alemania iban a disputar la final del Mundial de Italia’90, uno de los de más bajo nivel futbolístico que se recuerda. Los equipos estaban alineados, en formación, sobre el Estadio Olímpico de Roma. Sonaba el himno argentino. Los pitos eran ensordecedores. Los italianos iban descaradamente con la selección que dirigía Franz Beckenbauer, ya que la albiceleste había sido su verdugo en las semifinales de Nápoles.

Mientras los jugadores intentaban escuchar el himno, el cámara de televisión iba encuadrando a cada uno de los futbolistas. Maradona, que era el capitán, cerraba la comitiva y cuando la cámara se detuvo ante él se le leyó en los labios: “¡Hijos de puta, hijos de puta!”. A Diego se le veía nervioso. Movía agitadamente las piernas. Pero guardó la compostura. Lo que tenía que decir ya lo había dicho ante el público italiano y a los cinco continentes. En el rincón más recóndito del mundo llegó el enfado de Diego.

El ‘Pelusa’ era la estrella del Nápoles, la indiscutible figura de un Calcio que entonces atraía a los mejores jugadores del mundo, y a él le dolió en el alma la actitud de los aficionados italianos. El miedo que imponía el Maradona futbolista –estaba en la cumbre de su carrera y había reinado en el Mundial 86-, ya motivó que tanto en el primer partido, contra Camerún, como en las semifinales contra Italia, en las que él marcó el tanto decisivo en la tanda de penaltis, los tifosi le abuchearan. “El 8 de junio, en las entrañas del Meazza, sentí un ambiente raro. No sé, un silencio demasiado grande, demasiado frío… Cuando salimos sentí una silbatina como pocas veces en mi carrera. Nos reventaban los oídos, pero a mí no se movía un pelo, al contrario: me daba más fuerza. Durante el himno, que casi no se escuchó por el abucheo de los italianos, traté de mantener la frente bien arriba y recorría la gente con la mirada. Me tocó el antidoping. ¿Cómo no me iba a tocar el control?”, relató Maradona en su libro autobiográfico ‘Yo, el Diego’.

Maradona no lo pasó bien en los campos italianos, esos estadios en los que había dejado huella con un Nápoles al que llevó a ganar sus dos únicos Scudetti. Y es que más allá de la actitud de los aficionados italianos el juego de Maradona y de Argentina dejó mucho que desear. Si la albiceleste se plantó en la final fue más mérito de Goycochea (salvador en dos tandas de penaltis) que por sus méritos futbolísticos.

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