Las lágrimas de Gascoigne

Jordi Blanco

1990. Semifinal del Mundial en Turín que enfrenta a Alemania con Inglaterra. Gascoigne recoge un balón en su línea de medios e inicia un ataque en diágonal hacia la izquierda; supera a dos rivales, se adelanta demasiado el balón y en su desespero se lanza con los pies por delante cuando ya lo había cortado Olaf Thon. Joel Quiniou, el árbitro francés, le amonesta...

Es, su reacción, acaso una de las imágenes más recordadas de aquel Mundial de Italia. Gazza llorando desesperadamente por cuanto aquella tarjeta le apartaba de la final que aspiraba a disputar la Inglaterra de Bobby Robson. Al final venció Alemania (a la postre campeona) en la tanda de penalties, pero los lloros de Gascoigne pasaron a la leyenda de los Mundiales.

Aquel cuatro de julio de1990 se pudo ver la otra realidad de un tipo hoy más recordado por sus excentricidades o por echar a perder su carrera y su vida bañado en alcohol. Paul Gascoigne era puro fútbol, un jugador tan inclasificable como excepcional y cuya figura, en aquel Mundial, rivalizó con la mejor Camerún que se recuerda, los goles de Schillaci, los insultos de Maradona o el penalti, más que discutible, que dio el título a Alemania Federal sobre Argentina.

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