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'Good bye', Haaland: Bellingham manda a Noruega a casa en la prórroga

Jude Bellingham rescató a Inglaterra en la prórroga (1-2) tras un partidazo en Miami en el que Noruega mereció más: un golazo imposible de Schjelderup, un tanto anulado a Heggem por el VAR, el larguero de Ajer y una tarde prodigiosa de Pickford que mantuvo con vida a los de Tuchel hasta que apareció el madridista

Haaland, ante Inglaterra

Haaland, ante Inglaterra / EFE

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Xavier Ortuño

Xavier Ortuño

Nada invitaba al fútbol en el arranque. La tarde era espesa, húmeda, y el césped, pese al riego, lucía seco y frenaba el balón como si se resistiera al espectáculo. En ese contexto, Inglaterra parecía ponerle más ganas que ideas. Gordon era el único que abría el campo con criterio, en contraste con un Madueke desaparecido que no sobrevivió al descanso. Bellingham cabeceó desviado un centro al punto de penalti y Kane mandó alta una falta bien colocada. Dominio estéril, de posesión larga y peligro corto.

Pasada la media hora, el partido cambió de dueño y de idioma. Primero avisó Haaland, que voló para conectar un cabezazo que Pickford sacó con una mano prodigiosa. Y en la jugada siguiente llegó el golpe de escena: Odegaard filtró un pase que evocó al del 'Negro' Enrique a Maradona, por su aparente intrascendencia —también ante Inglaterra— y Schjelderup inventó un zurdazo desde la banda izquierda, con un ángulo que desafiaba la geometría, que entró tras besar el poste como una carambola de billar milimétrica. El VAR validó el 1-0 (min. 36) y Noruega se vino arriba: Sorloth rozó el segundo y Odegaard volvió a probar a Pickford.

Pero Inglaterra tiene a Bellingham, que es una forma de tener siempre una bala en la recámara. Justo antes del descanso, Gordon coronó su gran primera hora con un pase atrevido al área y el madridista empató al primer toque, con esa precisión suya de cirujano con prisa (1-1, min. 45+2). Aún hubo tiempo para que Nyland le negara el gol a Kane y para que el VAR le anulara otro al capitán inglés por fuera de juego. El partido, que había nacido dormido, llegó al intermedio completamente despierto.

Tuchel movió el banquillo al descanso —Saka y Eze por Madueke y Rice— pero la segunda mitad fue un monólogo noruego sostenido a duras penas por Pickford. El portero inglés firmó una tarde para enmarcar: le sacó un remate a bocajarro a Berg, otro cabezazo a Haaland y, ya al final, un disparo seco de Nusa. Ni así se libró Inglaterra del susto mayor: Heggem cazó un rebote y marcó el 2-1 en el 55, pero Turpin, tras revisar el monitor, lo anuló por falta previa. A Noruega, que perdió por lesión a Ryerson y a Sorloth por el camino, le quedaba todavía su ración de infortunio: en el 76, Ajer estrelló un cabezazo en el larguero y, en el rechace, Haaland mandó fuera desde donde nunca falla. Fue el resumen de su noche: al equipo de Solbakken le sobró fútbol y le faltó puntería.

El tiempo reglamentario murió con Inglaterra despertando a base de orgullo: Nyland le sacó otro cabezazo a Kane y Bellingham rozó el gol en el 90+5. Y cuando los penaltis asomaban ya en el horizonte como un peaje inevitable, apareció otra vez él. En el arranque de la prórroga, tras una parada de Nyland a Rogers, el balón quedó muerto en el área y Bellingham, que vive en los rebotes ajenos y en los minutos decisivos, empujó por bajo el 1-2 (min. 93). No fue el mejor de los ingleses durante dos horas, pero fue el más importante, que en los Mundiales es lo único que se apunta.

Inglaterra avanza sin brillar, que es una manera muy inglesa de avanzar. Noruega se marcha con la sensación agridulce de las selecciones que juegan mejor de lo que duran: dominó, generó y golpeó los palos, pero se topó con Pickford, con el VAR y con Bellingham. En Miami hizo calor, el césped estaba seco y el balón no quería correr. Corrió Bellingham, que es lo que cuenta.

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