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Dos balones para una final

Las primeras ediciones de la Copa del Mundo, y aún más la primera, estuvieron presididas por el desgobierno. Con Uruguay 1930 se dio el pistoletazo de salida a la mayor competición futbolística que nadie pudiera imaginar, pero en esa primera edición no hubo una fase clasificatoria sino que los equipos participantes fueron invitados directamente por la FIFA, que presidía el francés Jules Rimet. La mayor parte de las selecciones europeas rechazaron dicha invitación por la lejanía del viaje.

Josep Coves

En aquellos tiempos no había balón oficial. Las pelotas eran de cuero y se hinchaban a pleno pulmón. Lo difícil era encontrar dos balones iguales y cada equipo estaba acostumbrado a jugar con un determinado tipo de pelota, que de esférica tenía poco. La final entre Uruguay y Argentina desató la polémica, ya que mientras los locales utilizaban un tipo de balón la albiceleste estaba acostumbrada a jugar con otro. Uno de ellos, el Súper T, estaba formado por 12 gajos en forma de letra T mientras que el otro tenía el mismo número de gajos rectangulares. Al no ponerse de acuerdo, la FIFA estableció que medio partido se disputara con un balón y el otro medio con otro.

La primera parte se jugó con el balón argentino, lo que a la postre sirvió para que la albiceleste se adelantara por 2-1 en el marcador. Pero en el segundo tiempo Uruguay utilizó su balón y consiguió dar la vuelta al resultado para imponerse finalmente por 4-2 y proclamarse primer campeón del mundo. Nunca se sabrá si la victoria de la celeste tuvo que ver con el balón que usó en la segunda parte o fue producto de su superioridad física y táctica…

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