Corea del Norte y la sospecha del fraude

Josep Coves

Entre la tensión generada por el inicio de la Guerra Fría y las sospechas de fraude, la participación de Corea del Norte en el Mundial de 1966 se ha convertido en uno de los episodios más excitantes de la historia de la competición. La primera selección asiática en tomar parte en una fase final llegó a Inglaterra rodeada de misterio por el hermetismo que emana un país abrazado al comunismo tras una cruenta guerra contra la República de Corea.

Consideraciones políticas y sociales al margen, Corea del Norte llegó al Mundial de Inglaterra tras golear a Australia (6-1 y 1-3) en la repesca. Quedó encuadrada en el grupo 4 junto a Italia, Chile y la Unión Soviética y su pase a la siguiente ronda (cuartos de final) se pagaba 1.000 a 1.

Su debut contra la URSS, saldado con una estrepitosa derrota por 3-0, puso de relieve la enorme solidaridad y entrega de los coreanos, casi todos ellos soldados, pero su poca habilidad futbolística. En los siguientes partidos empataron con Chile (1-1) y dieron la campanada contra Italia, al derrotarle por 1-0. Siempre haciendo gala de una condición física envidiable, lo que levantó las sospechas de sus rivales, que insinuaron que Corea del Norte jugaba con dos equipos distintos: uno salía en la primera parte y el otro tras el descanso. Por eso siempre estaban tan frescos.

Estas acusaciones nunca quedaron demostradas. La similitud entre casi todos los futbolistas del equipo asiático alimentó esas sospechas pero para la FIFA no fue más que un hecho anecdótico. Ni reforzó las medidas de vigilancia en torno a los norcoreanos ni abrió expediente alguno. Así las cosas, Corea del Norte se plantó en cuartos de final contra todo pronóstico. 

Portugal le esperaba. La selección que lideraba Eusebio, el futbolista que en aquellos tiempos rivalizaba con Pelé por ser considerado el mejor jugador del mundo, estuvo contra las cuerdas. Con un gol en el primer minuto, Corea se adueñó del partido y llegó a dominar por un rotundo 0-3 antes de la media hora de juego mientras los portugueses no daban crédito a lo que estaba ocurriendo en Goodison Park. Hasta que Eusebio se echó el equipo a sus espaldas y con cuatro goles en 32 minutos condujo a las quinas a un definitivo 5-3 que les clasificaba para semifinales. Ese día nadie acusó a los norcoreanos de haber cambiado a todo su equipo. Si lo hicieron, eligieron a los once peores...

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