MUNDIAL 2026
El castigo por perder: las brutales torturas que sufrió la selección de Irak bajo el régimen de Saddam Hussein
El hijo mayor de Saddam, Uday Hussein, sometió a los deportistas iraquíes a torturas y vejaciones para asegurar el éxito deportivo, según múltiples testimonios

Saddam Hussein, dictador iraquí que gobernó Irak con mano de hierro desde 1979 hasta 2003 / Archivo
Saddam Hussein gobernó Irak entre 1979 y 2003 mediante un régimen autoritario y el uso sistemático del miedo. Aunque necesita poca presentación, conviene recordar que a su gobierno se le atribuyen graves crímenes contra la población civil y los opositores: la represión de chiíes, comunistas, kurdos y disidentes, la matanza de Dujail, por la que fue condenado a muerte, y la campaña de Anfal contra la población kurda, que 'Human Rights Watch' calificó como “genocidio” y en la que se calcularon decenas de miles de víctimas. También quedó asociado al ataque químico de Halabja, en 1988, uno de los episodios más brutales de la guerra Irán-Irak. La lista es larga.
Ejecutado en la horca el 30 de diciembre de 2006, a los 69 años, en una base militar en Bagdad, Saddam Hussein nunca hizo mucho caso al fútbol. No por nada, simplemente no lo veía como un arma a tener en cuenta para dar fuerza a su régimen. Sin embargo, su hijo, Uday Hussein, sí que veía potencial en el deporte.
Autoproclamado responsable del Comité Olímpico iraquí y de la Federación de Fútbol, convirtió el deporte en un suplicio para los atletas del país: varios exfutbolistas y deportistas denunciaron torturas que estremecen el corazón a cualquier persona con empatía. La selección iraquí se encuadraba habitualmente en ese sistema de “éxito o castigo”. Por ello, muchos se alegraron de la muerte de Uday, el 22 de julio de 2003, tras un bombardeo estadounidense en Mosul, aunque aquello no cerró las imborrables heridas que causó.
Decenas de torturas
El combinado nacional que peleó por estar en los Mundiales de Francia 1998 y Corea-Japón 2002 fue objeto de torturas, palizas y vejaciones infrahumanas. Unas denuncias que no salieron a la luz hasta años después, cuando algunos deportistas que sobrevivieron a aquellas cárceles lograron fugarse. Encierros sin comida, trabajos forzados, golpes con cables hasta la saciedad... Castigos de todo tipo.

Saddam Hussein y sus dos hijos / Archivo
La FIFA ya había enviado en 1997 una misión a Bagdad tras las denuncias de que varios jugadores habían sido encarcelados después de no clasificarse para el Mundial de Francia 1998, pero, misteriosamente, aquella investigación no encontró pruebas concluyentes. Por citar a alguno, Sharar Haidar, exinternacional iraquí, relató a la prensa británica que había sido golpeado en las plantas de los pies, arrastrado sobre grava y arrojado después a aguas residuales para infectar las heridas.
El testimonio de Abbas Rahim Zair, estrella del fútbol iraquí a principios de los 2000, explicó que incluso hacer un mal partido podía costarles que les amputaran las piernas. Otros relatos añadieron torturas casi medievales: obligados a chutar balones de cemento, uñas arrancadas, inmersiones en aguas contaminadas o directamente en excrementos para infectar las heridas, cabezas rapadas como humillación pública... Por si no les quedaba claro, el hijo de Saddam solía visitarlos frecuentemente para recordarles cuál podía ser su destino en caso de no ganar.
La caída del régimen
Cuando el régimen estaba cerca de caer, en 2003, las denuncias que la FIFA no pudo corroborar por falta de pruebas empezaron a ganar peso en la prensa internacional. Tras varios informes detallados de ESPN, el Comité Olímpico Internacional promovió una investigación formal que, en primera instancia, Uday Hussein rechazó. Su respuesta no fue otra que lo que hacía era invitar a los jugadores a realizar unos “ejercicios espirituales” para mejorar.

La selección de Irak que jugó el Mundial de 1986 / Archivo
La caída definitiva de Hussein permitió inspeccionar lugares que habían permanecido oscuros durante tantos años. Y allí, en Bagdad, se encontraron indicios de las prácticas terroríficas que el régimen emprendió contra sus deportistas. Por ejemplo, TIME informó del hallazgo de una “doncella de hierro” en el Comité Olímpico iraquí, un instrumento de tortura medieval que consiste en un sarcófago vertical con forma femenina y clavos internos.
Algunas víctimas pudieron alzar la voz; a otras no las dejaron. Por todas ellas, y por el pueblo que sufrió durante tanto tiempo, Irak, un país aún marcado por la violencia política, la corrupción y graves déficits de derechos humanos, peleará con orgullo para intentar cuajar un buen torneo en la que será su segunda participación en una Copa del Mundo.
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