MUNDIAL 2026
Bellingham lo vio venir: Tuchel acabó destripando a Inglaterra
El seleccionador de los 'Three Lions' convirtió el 1-0 de Gordon en una orden de retirada. Sacó del campo el talento, acumuló defensas y concedió a Messi el tiempo que necesitaba para volver a liquidar el sueño mundialista inglés

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Inglaterra no perdió la semifinal del Mundial 2026 cuando Lautaro Martínez cabeceó el 1-2 tras un centro espectacular de Leo Messi. Tampoco cuando Enzo Fernández sacó su latigazo desde la frontal para el 1-1. Inglaterra empezó a perder exactamente en el momento en que Thomas Tuchel decidió dejar de jugar para ganar el partido y, en un acto de cobardía, encerrarse atrás a verlas venir. Un error carísimo que, en cierta manera, Jude Bellingham anticipó.
Todo viene del Noruega-Inglaterra, partido correspondiente a los cuartos de final. Los ingleses superaron la eliminatoria sufriendo, en la prórroga, gracias a un doblete de Jude Bellingham. El futbolista del Real Madrid salió al rescate ante un conjunto rocoso, duro, letal arriba y con mucho talento en el centro del campo. Pese a ello, Tuchel tenía la mosca detrás de la oreja.

Tuchel conversa con Bellingham / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press
El preparador alemán señaló públicamente que no le había gustado lo que había visto y su propio jugador, Bellingham, le respondió sugiriendo que quizá su entrenador no entendía lo que suponía competir bajo aquellas condiciones y contra jugadores como Haaland, Ødegaard, Nusa o Sørloth. Un ‘palo’ en toda regla.
Bellingham estaba diciendo que los partidos de esta magnitud no se pueden gobernar únicamente durante los 90 minutos ni solo mediante un buen trabajo en la pizarra. Que hay otros elementos. Y que, si no se han vivido estos momentos como futbolista, es más complicado entenderlos desde el banquillo. Contra Argentina se vio.
El gol de Gordon, una condena
El gol de Anthony Gordon, en el minuto 54, había enseñado el camino para, al menos, soñar con revalidar el título conquistado en 1966. Fue entonces cuando a Tuchel le entró dolor de barriga, por llamarlo de alguna manera. Después de haber cuajado un partido igualado, con intercambio de acciones de todo tipo, el alemán, que decía que no le había gustado cómo había jugado su equipo ante Noruega, interpretó el 1-0 como una señal para cerrar la puerta, apagar las luces y esconder la llave.
No quiso buscar el segundo. Quiso que dejara de suceder cualquier cosa. Y eso, en escenarios de este tipo, suele ser un grave error. El primer mensaje llegó en el minuto 71. Gordon, el goleador y una de las principales amenazas inglesas al espacio, abandonó el campo para que entrara Ezri Konsa. Tuchel deshizo el frente ofensivo y formó una línea de cinco defensores.

Pickford habla con Konsa tras un ataque de Argentina / EUP
Diez minutos después profundizó en la misma idea. Retiró a Declan Rice y Reece James e introdujo a Dan Burn y Nico O’Reilly. Inglaterra terminó con seis futbolistas de perfil defensivo, pero sin jugadores capaces de guardar la pelota, conducir al equipo hacia delante o amenazar a una defensa argentina cada vez más instalada en campo contrario.
Tuchel, que había metido más defensas para blindarse, lo único que consiguió fue que Inglaterra defendiera peor. Renunció a ir a por el 2-0 que habría ‘matado’ el partido y se le acumuló el trabajo a Jordan Pickford, que rindió por encima de sus posibilidades sacando balones constantemente. Rechazó un cabezazo de Nico González, respondió ante Mac Allister y voló para sacar otro disparo de Enzo. Los postes también hicieron su parte. Hasta que llegó el latigazo del actual jugador del Chelsea. 1-1.

El latigazo de Enzo Fernández supuso el 1-1 en el Inglaterra-Argentina / EUP
Era cuestión de tiempo. El empate retrató todo lo que Inglaterra había dejado de ser. Argentina jugó en corto desde la esquina. Messi apareció por la derecha y encontró a Enzo Fernández en la frontal. Bellingham vio el peligro, pero salió tarde. El miedo ya se había transformado en realidad.
Defender no consiste únicamente en llenar el área de centrales. También supone presionar al pasador, proteger la frontal, alejar al rival de tu portería y ofrecer una salida que le obligue a mirar hacia atrás. Inglaterra no hizo nada de todo eso. Lo más grave fue dejarle tiempo para pensar a Messi.

Lionel Messi regatea Harry Kane en el partido de la semifinal del Mundial. / CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH / EFE
La Albiceleste estaba crecida, con la moral por las nubes. Fue entonces cuando el astro rosarino levantó la cabeza, completamente solo, y puso con la diestra un centro perfecto a la cabeza de Lautaro Martínez. Gol y a la final. Entre el tanto de Gordon y el momento en que Argentina completó la remontada, los ingleses apenas tuvieron un 12 % de posesión. Este es el dato de la noche.
12% de posesión en el tramo final
Tuchel admitió después que su equipo se había vuelto «cada vez más pasivo». Una media verdad. Su equipo no se había vuelto pasivo: él lo había vuelto pasivo, que no es lo mismo. También explicó que había colocado cinco defensas porque Argentina no dejaba de centrar y estaba ganando los duelos aéreos. El problema es que su solución multiplicó los centros.

Lautaro celebra su milagroso gol con Messi / WILL OLIVER / EFE
Messi se desplazó hacia la derecha, recibió con espacio y levantó la cabeza una y otra vez. Nadie le impidió girarse ni pensar con claridad. Tuchel había llenado la zona de remate, pero había dejado solo al mejor pasador del partido. El 1-2 no fue un accidente. Fue la consecuencia lógica de una media hora bochornosa que Bellingham había anticipado varios días antes.
Sin embargo, tener razón en aquella discusión no absuelve a Bellingham. El madridista también participó en el derrumbe inglés: no cerró bien el disparo de Enzo en el 1-1 y, tras el pitido final, volvió a demostrar que de ‘gentleman’ tiene poco, pegándole una colleja a Valentín Barco.
En definitiva, en el fútbol, como en la vida, le suele ir bien al que coge el toro por los cuernos y mal a los cobardes que esperan a verlas venir.
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