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El Balón de Oro silenciado por el comunismo que enamoró a Pelé: “Puse el trofeo en mi bolsa y volví a casa en tranvía”

Josef Masopust, centrocampista checoslovaco, soñó con el Real Madrid de Di Stéfano y Gento, pero nunca pudo hacerlo realidad por culpa del régimen

Josef Masopust, Balón de Oro en 1962

Josef Masopust, Balón de Oro en 1962 / Archivo

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Àlex Calaff

Àlex Calaff

En 1962 recibió el premio al mejor futbolista de Europa. Lo cogió, lo guardó en una bolsa de deporte y regresó a su casa en tranvía, como quien vuelve del gimnasio municipal. Quizás, Josef Masopust es uno de los ganadores del Balón de Oro más anónimos de la historia del fútbol, porque brilló en una tierra en la que no querían héroes individuales.

Nació el 9 de febrero de 1931 en Strimice, Checoslovaquia. Venía de familia humilde y se forjó en un contexto duro y de vigilancia extrema. Su leyenda sucedió, de manera obligada, en el Dukla de Praga, un equipo ligado al ejército checoslovaco. Era un centrocampista técnico, con llegada, que entraba por los ojos, pero más reconocido fuera que dentro de su país.

Checoslovaquia estuvo bajo un régimen comunista desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, hasta 1989. Durante ese tiempo, el comunismo no solo gobernaba la política y la economía, sino que también controlaba la cultura, el deporte y la vida social.

Su manera de conducir el balón fue su sello de identidad, conocida como el 'Eslalon de Masopust'. Era el mejor jugador de Checoslovaquia, llegando incluso hasta la final de un Mundial, el de Chile 1962, cayendo ante Brasil (3-1), la de Garrincha, Vavá, Amarildo, Nilton Santos... Pelé se había lesionado durante el torneo. Pero si los checos pudieron soñar con ganar aquel partido, fue gracias a Masopust, quien abrió el marcador a los 15 minutos, aunque la alegría duró poco.

Imagen del Brasil 3-1 Checoslovaquia en la final del Mundial de Chile 1962

Imagen del Brasil 3-1 Checoslovaquia en la final del Mundial de Chile 1962 / 'X'

Curiosamente, aquella derrota le garantizó una victoria: la del Balón de Oro. Lo recibió en diciembre de 1962 por delante del mítico Eusébio. Tenía 31 años y estaba dando los últimos coletazos a su carrera. Pero el galardón no fue celebrado en Checoslovaquia; tampoco se exhibió en ninguna vitrina.

A diferencia de lo que ocurre hoy, con el lujoso Théâtre du Châtelet de París, alfombras rojas y reconocimientos de todo tipo, la ceremonia fue mucho más comedida: recibió el trofeo antes de un partido europeo contra el Benfica. Así lo explicó el propio jugador, según recoge la UEFA: “No hubo ceremonia. Eusébio sólo estrechó las manos conmigo, puse el trofeo en mi bolsa de deportes y volví a casa en el tranvía".

Masopust había conquistado una meta individual en un sistema que desconfiaba de lo individual. En la Checoslovaquia comunista, la gloria debía ser colectiva. Un héroe podía existir, siempre que no brillara más que la propia nación. El régimen podía exhibirlo como prueba de fortaleza deportiva, pero no convertirlo en una estrella autónoma. Y Masopust estaba traspasando, sin querer, esa delgada línea.

El Real Madrid, un sueño frustrado

Por ello, el Dukla de Praga fue, a su vez, su casa y su cárcel. Era un club poderoso, impulsado por el ejército, y no le dejaron salir al extranjero hasta casi terminada su carrera, y como gesto de agradecimiento a su trayectoria. Algunos compañeros nunca disfrutaron de ese privilegio. Masopust había soñado con el Real Madrid de Di Stéfano y Gento, pero se tuvo que conformar con Bélgica, ya con 37 años, en 1968, tras la Primavera de Praga.

Masopust juega como un brasileño. Levanta la cabeza, se mueve y toca la pelota como si hubiera nacido en Brasil

Pelé

— Leyenda del fútbol

Vivió una paradoja. La de ser mucho más querido y admirado lejos de sus fronteras porque su grandeza no podía superar el marco establecido por el régimen, que guardaba silencio institucional con sus logros. Sólo podía escapar de aquello en el campo, donde era libre con su elegancia. “Masopust juega como un brasileño. Levanta la cabeza, se mueve y toca la pelota como si hubiera nacido en Brasil,” llegó a reconocer el propio Pelé. Marcado por el comunismo, su vida posterior al fútbol conservó ese perfil bajo. Fue entrenador de varios equipos checos y de la selección y después fue asesor de la Federación. Falleció en 2015 en Praga a la edad de 84 años.

Nedved y República Checa

En 1993, Checoslovaquia se disolvió de manera pacífica y surgieron dos estados soberanos independientes: la República Checa y Eslovaquia. Una década después, llgó el segundo Balón de Oro checo, Pavel Nedved, jugador de la Juventus en aquel entonces. A diferencia de Masopust, sí que experimentó el orgullo nacional correspondiente por semejante galardón. No obstante, la leyenda del Calcio no logró llevar a su país tan lejos en un Mundial como Josef.

La primera y única participación de República Checa como nación independiente en una Copa del Mundo tuvo lugar en 2006, cayendo en la fase de grupos. Este 2026 se romperá una sequía de 20 años sin pisar el torneo. A priori, el sorteo de grupos ha sido benévolo: México, Sudáfrica y Corea del Sur.