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Albert Llovera: "Alonso alucina con mi camión"

Entrevista con el piloto discapacitado andorrano, que ha acabado en el 'top 15' de la general de camiones del Dakar

"Los que vamos en silla de ruedas hacemos dos Dakar: el de los demás y al llegar al vivac", explica

Entrevista a Albert Llovera | Maite Jiménez

AAlbert Llovera (Andorra, 1966) sigue rompiendo  barreras en el Dakar. Esquiador profesional, un accidente cambió su vida para siempre y le dejó en silla de ruedas a los 18 años. Lejos de hundirse, se pasó a la velocidad sobre cuatro ruedas y desde entonces ha competido en el mundial de rallies y rallycross y ha disputado seis ediciones del Dakar. La última, en Arabia Saudí, ha sido “la mejor de todas”. Al volante de un camión Iveco del equipo oficial De Rooy Petronas, junto a Marc Torres y Ferrán Marco, Llovera logró meterse en un ‘top 15’ que le sabe a gloria. No es para menos.

¿Cómo surgió la oportunidad de correr con De Rooy?

Fue todo un poco raro. A veces nadie se acordaba de mí y esta vez me llamaron dos equipos de camiones y otro para correr en  buggy. Les dije que no, que ya había sufrido bastante con las manos y la cadera. Pero cuando Moi Torrellardona me avisó que en De Rooy estaban buscando piloto, no me lo pensé. Cogí el avión y me fui a Eindhoven para cerrar el proyecto. Venía de correr la última prueba del Rallycross en Francia y me felicitaron. “Corres mucho”, me dijeron. Me sorprendió que me siguieran, es de agradecer. 

 ¿Qué le ha parecido el estreno de Arabia Saudí?

Me ha encantado. Es un poco la mezcla de los anteriores escenarios. Estuve en la última edición en África, en 2007, con Isuzu. Después dejé el Dakar por el mundial de rallies. Hasta que en los Juegos de Londres, viendo a mi hija Cristina en las pruebas de atletismo, me crucé con Nasser Al Attiyah. Hablamos y me financió un programa en el Dakar de Sudamérica en 2014 y 15. La quinta vez corrí con Tatra. Arabia me ha recordado a zonas de Argentina, en etapas con piedras y ríos, también la arena de Perú. Y luego ha habido alguna etapa más africana, de esas en las que se te mueven los empastes. Parecía que estuvieras dentro de una lavadora y me decía ¿qué hago yo aquí?

Es que su día a día  no es igual que el de los demás pilotos…

Es otro Dakar. El vivac es bastante incómodo para los que vamos en silla de ruedas, hay mucha arena. En Arabia después de las etapas no podía moverme con la moto, que adapto a la silla… pero me ayudaba todo el mundo. Este año hemos sido tres pilotos discapacitados: yo, Isidre Esteve y un chaval, Aleix, que hace dos años me pidió consejo para correr el Dakar, se ha plantado en la carrera y lo ha hecho muy bien en SSV. Es bueno que seamos más.

¿Cuál fue su día más duro?
No he tenido muchos, pero a todos le he dado la misma importancia. Quizá el día que rompimos el turbo. Se cambia en hora y media pero nosotros ‘palmamos‘ 4 horas. Ahí perdimos la posibilidad de estar más arriba del top 15. La gente corre mucho aquí. Pero no lo he pasado mal. O soy tan positivo que las cosas malas las aparto.

Pero las secuelas físicas que le deja el Dakar son importantes…

Cierto. Las manos no las puedes muscular igual que brazos o piernas. Los tendones y los músculos son muy pequeños y yo me paso el día frenando y acelerando en carrera. Ahora la mayoría de los mandos han cambiado de mecánicos a electrónicos. El dedo pulgar de la mano izquierda me lo destrocé al competir dos años seguidos en camiones. Calcularon que cada día cambiaba entre 3.000 y 4.000 veces. Al final de cada etapa no me podía ni sacar los guantes. El doctor Mir me operó las dos manos y me recomendó calmarme un poco, por eso me decanté por el  rallycross. El Iveco tenía cambio automático y eso me ha dado mucha calidad de vida.

¿Se ha resentido de sus problemas en las manos este año?

Lo he notado, pero por suerte llegué físicamente como nunca al Dakar y además pude llevarme a mi osteópata Jordi Zaragoza, que cada día dedicaba más de dos horas a recuperarme a final de etapa. Tuve que elegir: o autocaravana o fisio y no lo dudé, dormí en tienda de campaña pero me traje a Zaragoza. 

Fue el gran animador en el podio final en Arabia…

Si, si, porque el Dakar hay que disfrutarlo. En 2015 en buggy con Alex Haro también lo hicimos super bien. Pero este año ha sido brutal, correr con un equipo oficial, con el pedigree de De Rooy y sin presión…. Y el ambiente en la cabina ha sido excepcional, clave.

Le patrocina Alonso. ¿Qué le ha parecido el debut de su amigo en el rally?

Fernando está hecho un crack. Llegar al Dakar y hacer segundo de etapa lo dice todo. Los pilotos de circuitos son como los ingleses: Frenas, cambias, hasta aquí, ahí salgo…. Todo perfecto. Alonso me decía: “Estais chalados, llegais a los sitios y no sabeis lo que está detrás”. El día que volcó, después de hacer croqueta, vino al campamento como si nada. Pensé ¿Yo soy el chalado?. Esa es la actiutud para el Dakar. Algún día se subió al camión y alucinó. 

¿Cuándo regresa piensa: Hasta aquí hemos llegado?

Todos me dicen que no debería hacer el Dakar en silla de ruedas y lo hago. Es una filosofía de vida. Estoy 200 días fuera casa, doy conferencias, trabajo para fabricar mandos para personas con discapacidad, diseño sillas de ruedas, tengo una ortopedia en Andorra…No paro. Y no me quejo.

Así que la idea es volver al Dakar en 2021…

Ya se verá porque en De Rooy va a haber movimiento. Quieren contratar a  algún otro piloto puntero y alguna cabeza va a rodar. Espero que no sea la mía porque he hecho un gran trabajo y he tenido más repercusión que ningún otro piloto del equipo.

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