La factoría 'ecológica' de Shell que emite más CO2 del que captura

Una investigación desmonta el proyecto estrella de la compañía, subvencionado por el gobierno canadiense

Planta Quest de Shell
| Shell

Joan Lluís Ferrer

La factoría Quest, de la empresa Shell en Canadá, es una de las pocas plantas de hidrógeno fósil (hidrógeno azul) en el mundo que utiliza un sistema de captura de carbono (CCS, en inglés) para evitar emisiones contaminantes a la atmósfera. La compañía petrolífera utiliza este proyecto para mostrar cómo lucha contra el cambio climático. Sin embargo, esta factoría 'ecológica' ha resultado tener la misma huella de carbono que 1,2 millones de automóviles de gasolina, pues emite mucho más CO2 del que captura.

Una exhaustiva investigación de la ONG internacional Global Witness ha revelado que, a pesar de que Shell afirma haber capturado cinco millones de toneladas de dióxido de carbono en su planta de hidrógeno en menos de cinco años, lo cierto es que también emitió otros 7,5 millones de toneladas de gases de efecto invernadero durante el mismo período.

Los defensores del hidrógeno azul sostienen que es respetuoso con el clima y puede ayudar a descarbonizar el actual sistema energético, ya que implica el uso de tecnología de captura de carbono para atrapar y almacenar emisiones antes de que sean liberadas a la atmósfera. Frente al hidrógeno azul existe el hidrógeno verde (usado sobre todo para vehículos) que sí presenta cero emisiones.

Global Witness descubrió que solo se captura el 48% de las emisiones de carbono de la planta, lo que no alcanza la tasa de captura de carbono del 90% prometida por la industria para los proyectos de hidrógeno fósil, también conocido como hidrógeno azul. Esta tasa se reduce a solo el 39% cuando se incluyen otras emisiones de gases de efecto invernadero del proyecto de Shell.

| Global Witness

A pesar de esta situación, Shell elogia la instalación de Quest como un ejemplo de lucha contra el calentamiento global. Shell afirma que el proyecto demuestra que los sistemas de captura de carbono son "seguros y efectivos" y es un "ejemplo prometedor" de cómo esta tecnología puede reducir significativamente las emisiones de carbono.

Cómo funciona la planta

El betún extraído de las arenas bituminosas de Alberta es un petróleo pesado que necesita un proceso de mejora antes de enviarse a las refinerías y transformarse en productos comercializables. Pero este proceso de mejora consume mucha energía y requiere hidrógeno.

Obtener hidrógeno crea dióxido de carbono, que en la planta de Quest se captura y se separa del nitrógeno a través de un complejo proceso técnico. El CO2 capturado se comprime y transporta posteriormente a lo largo de 64 km, donde el CO2 se almacena a dos kilómetros bajo tierra en un acuífero salino.

“Sin embargo, los mensajes publicitarios de la compañía no mencionan en ningún momento el enorme volumen de emisiones que destruyen el clima”, señala la citada entidad.

Operario en la planta | Phillip Chin

El gobierno pagó 654 millones de dólares

Esta investigación asesta un duro golpe a los defensores del hidrógeno fósil que están presionando para obtener más fondos públicos para apoyar su uso. De hecho, 654 millones de dólares (del coste total de 1.000 millones de dólares que tuvo la planta) procedieron de subvenciones del gobierno canadiense.

Pero a pesar de este gran gasto público, la empresa no ha logrado cumplir los objetivos de recorte de emisiones necesario para hacer frente al calentamiento global.

Dominic Eagleton, activista sénior de gas en Global Witness, afirmó: “Durante años, Shell ha utilizado repetidamente este proyecto para demostrar que está actuando sobre el cambio climático, pero, dada su enorme huella de carbono, es imposible describir estas afirmaciones como algo que no sea engañoso. Más allá de las relaciones públicas y el lavado de imagen verde, el simple hecho es que la planta de hidrógeno de Shell genera más emisiones de las que captura y, por lo tanto, contribuye a la crisis climática”.

“La promoción del hidrógeno fósil por parte de las compañías de petróleo y gas es una hoja de parra para ocultar que continúan con sus prácticas tóxicas: la extracción y quema de combustibles fósiles. La mejor manera para que compañías como Shell ayuden a afrentar la crisis climática es eliminar gradualmente todas las operaciones de combustibles fósiles, en lugar de encontrar formas de ocultar su actividad que destruye el clima detrás de soluciones falsas”, añadió.

Instalación de captura de CO2 en Quest | newsroom

A su juicio, “la lamentable actuación de Shell es otro clavo en el ataúd de las afirmaciones hechas por la industria de que el hidrógeno fósil es amigable con el clima. Los gobiernos no pueden dejar que los engañen para invertir fondos públicos vitales en proyectos que no brindarán lo que se necesita para evitar un desastre climático. En cambio, deberían usar ese dinero para poner fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles y dirigirlo hacia alternativas renovables”.

Las arenas bituminosas

El estudio también muestra cómo el proyecto de Shell es parte de las controvertidas operaciones de arenas bituminosas de la compañía en Alberta. Las arenas bituminosas son notorias por ser una de las actividades extractivas más dañinas para el medio ambiente en el mundo. Ha sido criticada por invadir la tierra de los pueblos indígenas, lo que causa deforestación a gran escala y alteración de la tierra, así como contaminación del aire y el agua.

A la luz de estos hallazgos, Global Witness hace un llamado a los gobiernos de todo el mundo para que resistan las demandas de la industria de brindar apoyo financiero y regulatorio para nuevos proyectos de hidrógeno fósil y, en cambio, trabajen para eliminar los existentes y promover alternativas basadas en energías renovables.

La compañía Shell no había realizado ningún comentario en el momento de la publicación de esta denuncia, pero en su página web afirma: “Estamos ayudando a desarrollar otros proyectos de captura de carbono (CCS) comerciales a escala mundial y mantenemos acuerdos de investigación con la industria y las principales instituciones académicas”.

Shell está compartiendo el conocimiento y las lecciones aprendidas de la construcción de Quest para fomentar una implementación más generalizada de CCS”, añade, al tiempo que recuerda que cuenta con el apoyo del gobierno de Canadá.

El ínforme íntegro de Global Witness puede descargarse aquí.

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