Se quieren cargar a Mourinho

El núcleo duro de españoles se ha fijado como objetivo que José Mourinho no se coma el turrón. El último enfrentamiento con Sergio Ramos fue mucho más duro de lo que la gente piensa. El defensa sevillano atacó al técnico de manera desmedida cuando se enteró que sería suplente ante el City. Una situación que ha provocado una declaración de guerra del clan de los nacionales cuyo objetivo es amargarle la vida hasta que se vaya. Y a ser posible, cuanto antes. Los portugueses nada tienen que ver en esta guerra, en todo caso son víctimas de la equivocada política de Mourinho que se refugia en ellos para hacerse fuerte ante la postura inflexible del grupo capitaneado por Casillas y Sergio Ramos. Excusar de los fallos a sus compatriotas y resaltar o achacar los errores siempre a los españoles es el centro de esa sórdida declaración de guerra, que en el club observan absortos ante el silencio de Florentino Pérez.

Alejandro Alcázar

Sergio Ramos solicitó a Mourinho quedarse en Sevilla después de la derrota sufrida en el Sánchez Pizjuán. El portugués le explicó que ese privilegio no se lo ha concedido a nadie y menos en vísperas de un partido de la trascendencia del Manchester City. Mourinho le explicó que Arbeloa en Zaragoza, Albiol en Valencia o Xabi Alonso en San Sebastián no abandonarían una expedición que hace siempre junta los viajes de ida y vuelta. Ramos se mordió la lengua en ese momento y aceptó las explicaciones, pero no perdió la ocasión de criticarle en cuanto pudo.

Unas versiones apuntan que criticó a Mourinho en el viaje de vuelta ante un grupo de compañeros afines, y otras que fue en una afamada discoteca madrileña en la que se dan cita algunos jugadores madridistas los días libres. El caso es que a Mourinho le llegaron los ecos de esas críticas y el portugués contraatacó. Eximió a Di María de las culpas del gol marcado por Trochowski y culpó al sevillano por no estar en su zona de influencia, que fue por donde llegó el gol. Un argumento sucio que calentó aún más al jugador y a su guardia pretoriana por la injusta acusación.

La cosa quedó ahí, pero con los ánimos más caldeados que nunca. Cuando Mourinho comunicó el once que jugaría contra el Manchester City en el que se encontraba Varane y no Ramos, éste perdió los papeles según fuentes cercanas a la plantilla. El de Camas atacó sin compasión al de Setúbal con gaitas destempladas como decirle que si con él era suplente sería titular en cualquiera de los mejores equipos del mundo y que si se tenía que ir se iría. También se acordó del clan portugués, acusándole de que se refugia en ellos y que él les mima a cambio de justificar sus acciones. En definitiva, una escena esperpéntica que se quedó ahí, pero con Ramos en el banquillo en el partido de Champions ante el Manchester City.

De esos barros se explican actitudes como la de Casillas de no celebrar los goles de Cristiano Ronaldo o de nadie, quizá concienciado de que lo mejor para ganar la guerra es perder partidos y con eso empujar a Mourinho a irse. Además, el clan de los españoles tiene la colaboración y protección de la `central lechera¿. 

Con este panorama Florentino Pérez tiene una patata caliente que no sabe como enfriar. Le dio todo el poder a Mourinho para que atase en corto a un vestuario que en su primera etapa le llevó a la dimisión. Ahora se mantiene al margen pero tampoco da el poder real al portugués para que corte por lo sano, porque prescindir de algunos de los que forman el clan de los españoles se podría volver en su contra a través de esos medios que crucifican diariamente a Mourinho. Además de esa fortísima indemnización que alcanza los 50 millones de euros en caso de cesarle del puesto de entrenador, al tener contrato en vigor hasta junio de 2016.

Florentino Pérez conoce lo que pasa porque Cristiano Ronaldo se lo contó en aquella famosa visita de la que se han sacado mil y una versión . Allí le explicó la división existente en el vestuario, una peligrosa falta de armonía que desembocaba en una situación insostenible que no le gustaba. Le avisó que podían pasar cosas como las que están pasando y que si todo seguía por esos derroteros que le vendiese, que no quería vivir en ese ambiente. De ahí su tristeza.

SOLUCIÓN DIFÍCIL

Iker Casillas y Sergio Ramos abanderan una cruzada contra Mourinho, con la alianza de los españoles salvo Xabi Alonso, que pasa de los dos capitanes, y al que sustituye Higuaín. En el otro lado están a los que mima Mourinho y que son los que comparten representante con él, salvo Cristiano que, como Xabi Alonso, va por libre, aunque como al donostiarra tiene claro con quien se alinearía en caso de tener que hacerlo.

El resto del vestuario vive ajeno a ese enfrentamiento entre Mourinho y los españoles y según le vaya la fiesta se alinea con uno o con los otros. La situación es difícil de extirpar salvo que las dos partes firmen una paz que a día de hoy no está en sus mentes, en ese afán de poder del que el más perjudicado es el Real Madrid.

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