Luís Castro 'estabiliza' al Levante con números de mitad de tabla... y ahora busca un esprint final de permanencia
Los registros del equipo desde la llegada del portugués son dignos de salvación: 16 puntos desde su aterrizaje en Orriols a finales de diciembre
El ex del Nantes confirma que la apuesta en su contratación, basada en sólidos argumentos pese al mar de dudas que generó entre las altas esferas, fue acertada
Sin embargo, necesita un último acelerón para certificar el ansiado objetivo

Luís Castro en su presentación / JOSÉ MANUEL LÓPEZ
Rafa Esteve
Los objetivos en el fútbol son una consecuencia de los acontecimientos producidos durante una temporada. Cuanto más se acierte, más cerca será de ser exitosa dentro de los márgenes preestablecidos. Y, en el Levante, están remando a toda velocidad para salvar los muebles. Aun así, están en condiciones de lograrlo, por mucho que un elevado porcentaje de lo que gira a su alrededor les elimine de las quinielas de permanencia en Primera División. Pese a ello, tres puntos separan al conjunto levantinista de puestos de salvación tras un mes de marzo donde su balance de puntuación fue notable: ocho de doce unidades posibles, con los cuatro restantes escapándose en el tramo final frente al Girona y, envueltos de polémica arbitral, ante el Rayo Vallecano. Sin embargo, el triunfo contra el Oviedo genera optimismo. No solo por la actitud de los jugadores, entregados, y comprometidos con el objetivo, sino por cómo interpretan los partidos. Independientemente del resultado final, siempre han estado inmersos en la pelea por los puntos. Esa es la principal baza de permanencia del Levante: nunca entregar las armas y competir desde una mentalidad combativa resiliente.
Las distintas consecuencias parten de Luís Castro, cuyo efecto no solo no se ha evaporado, sino que se ha solidificado. Sus números, desde su aterrizaje al Ciutat de València, le respaldan. Tras doce jornadas al frente de la nave granota, el nacido Moreira de Cónegos se ha metido dieciséis puntos en el bolsillo y, en una hipotética clasificación, el Levante miraría más hacia arriba que hacia abajo, situándose seis unidades por encima del descenso y a tres de una octava plaza que podría dar acceso a competiciones europeas. Síntoma de que hay madera suficiente para atacar la permanencia por mucho que su nombre no entrase con buen pie en las altas esferas del club durante el proceso de negociación. Seguido de forma exhaustiva desde su paso por el Dunkerke, los responsables de su contratación tuvieron que exponer diferentes argumentos de convencimiento para dar a entender a los dirigentes que Luís Castro era el hombre indicado para enderezar el rumbo.
Ahora no solo su trabajo, sino también las estadísticas, juegan a su favor. Pablo Sánchez, sin ir más lejos, ya lo considera como uno de los mejores activos de la entidad. "Es muy buen entrenador. Te das cuenta enseguida cuando hablas con él por cómo ve los partidos, cómo analiza lo que pasa en los mismos, cómo detecta las distintas situaciones que suceden… Lo que más me gusta, sobre todo, es que jugamos bien. Vamos a por los partidos y somos valientes. Siento un desparpajo y un atrevimiento en el futbolista que antes no veía, quizás, por el hecho de estar abajo o los nervios de jugar en Primera. Me gustan los jugadores que se atreven, hasta los defensas están marcando goles. Todo el mundo tiene ganas y ambición por ganar y competir. Y Luís Castro tiene mucha culpa en ello", aseguró el presidente durante una entrevista con Superdeporte a principios de febrero.
Personalidad en la toma de decisiones
No obstante, Luís Castro ha insuflado vida en el conjunto levantinista tomando decisiones impopulares y tirando de personalidad. Entre otras, movió a Carlos Álvarez y a Pablo Martínez al centro, subió a Kareem Tundé desde el filial para exprimirlo como extremo derecho, recuperó a Paco Cortés desde la Cultural y Deportiva Leonesa, le dio peso a Olasagasti, explotó las virtudes de Carlos Espí, limó a Oriol Rey para devolverle su condición de pivote con criterio táctico y, por muy raro que suene, ha relegado a Etta Eyong a un papel secundario, ante su bajo estado de forma, sin que le temblara el pulso. Pese a ello, su gestión de vestuario es clara: exigencia e implicación a cambio de transparencia en la toma de decisiones y cercanía con el futbolista. Jueguen más o menos, todos cuentan y todos aportan, según informó SUPER. A falta de nueve duelos para la conclusión del campeonato, el Levante está obligado a no levantar el pie del acelerador. La permanencia en Primera División requiere un último esfuerzo que merecerá muchísimo la pena.
Vía: Superdeporte
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