El Levante acepta ir a la guerra y sale vivo de Getafe
El conjunto de Julián Calero suma un punto de mucho valor en el Coliseum tras restringir a los de Bordalás en la primera mitad y sufrir la verticalidad y el empuje de su rival en la segunda parte

Etta Eyong e Iván Romero celebran el gol granota en el Coliseum / EFE
Rafa Esteve
Visitar el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe es sinónimo de altísima dificultad. De que cada equipo que pisa su territorio está condenado a la resistencia y al sufrimiento, fruto de un escuadrón dirigido por José Bordalás que ha implementado un estilo de juego que es tendencia en la máxima categoría del fútbol español. Su intensidad en cada acción, sumada a la efectividad de sus acciones, provocan desquicios y halagos a partes iguales que son imposibles de esquivar. O los sufres o los superas. No queda otra. Y más, en un fútbol de élite diseñado para valientes. No obstante, el Levante, timorato e indolente en los pasos iniciales de su vuelta a Primera División, empieza a sentirse no solo adaptado a la categoría, sino también confiado para afrontar cualquier desafío que se le ponga por delante. Pasó contra el Real Madrid, a pesar de que el resultado fuese adverso y abultado, y sucedió nuevamente en uno de los escenarios más incómodos de la Primera División para sumar un punto que fortalece a los pupilos comandados por Julián Calero. El Levante, tras sentirse muy superior durante la primera mitad, y verse obligado a resistir a lo largo de la segunda parte, se fue de Getafe con un empate en su bolsillo y con la sensación de que, durante varios tramos del choque, tuvo la victoria en su mano. Pese a ello, después de sufrir la medicina azulona durante el segundo asalto, basada en la verticalidad y el empuje, valora la unidad viendo el vaso medio lleno y sintiendo que, a la larga, le servirá para sacar músculo y seguir creciendo como grupo.
Lo dijo Julián Calero después de caer ante el Real Madrid: “Tenemos un equipo para ser valientes. El tipo de futbolista que tengo es para jugar así. Tenemos que tener una identidad, aunque te cueste ciertas situaciones”. No es que no le quede otra al Levante, sino que, si actúa de forma diferente, no estará cerca de los puntos tal y como demostró en las tres primeras jornadas de competición. Así fue al Coliseum Alfonso Pérez: con el cuchillo entre los dientes y mirándole a los ojos a un Getafe cuya mejor cualidad es la verticalidad. Buscando la espalda de los centrales de manera constante, los de Julián Calero le hicieron cosquillas a un contrincante prácticamente desaparecido, protagonizando su primera oportunidad mediante un esférico proyectado desde la zona central granota y dirigido a Roger Brugué, pero que, a través de su presión a un Djené que se durmió en los laureles, cayó en las botas de un Iván Romero que se topó con David Soria. El ‘9’ falló un mano a mano claro, aunque, superado el ecuador de la primera mitad, se desquitó de su ocasión errada batiendo al meta azulón, precisamente, gracias nuevamente a un ‘7’ del Levante que, bajando el balón de forma exquisita, y cediéndola atrás, habilitó a un manchego que, anotando su cuarto gol de la temporada, demostró que está en un gran estado de forma.
Al Getafe, aturdido por el estilo valiente y descarado de su adversario, le costó mucho reaccionar. Lo intentó por todas las vías posibles, hasta el punto de que Bordalás, en el minuto 40, cambió a Djené y a Mario Martín por Coba y Álex Sancris. Incluso, al ver cómo Etta Eyong estuvo a muy poco de mantener su racha goleadora doblando la renta granota en el marcador, tras controlar y disparar defectuosamente una acción que le dejó solo frente a David Soria, metió a Kiko Femenía en el tiempo de descanso. La finalidad fue clara: imprimir más profundidad por bandas para, junto al desequilibrio de Coba, acumular futbolistas en área contraria que desestabilizaran el bloque de los levantinistas. Arrancaron los azulones avisando con un disparo que se marchó arriba de Davinchi para, instantes después, exigir a Mathew Ryan con una doble intervención de mucho mérito. Primero, sacándole un fuerte disparo a Sancris desde la frontal y, después, haciéndose con los dominios del cuero tras un tibio tiro de Coba. Sin embargo, un centro del ‘20’ del Getafe cayó a la cabeza de Abdel Abqar para que Juan Iglesias, metiendo la pierna, igualase la contienda en el 57’. Desde entonces, el cuadro azulón subió su nivel de intensidad, obligando a los granotas a sumergirse en un contexto de partido de pura resistencia… en el que se tuvieron que conformar con el punto ante una versión superior del Getafe en la segunda parte. No obstante, pese a los sinsabores producidos en caliente, el empate adquiere tintes positivos. Y, sobre todo, la sensación de que le servirá al Levante para crecer como equipo.
Vía: Superdeporte
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