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La Quiniela, el juego en horas bajas donde importaba más la emoción que el dinero: "Soy del Madrid, pero el gol que más he gritado es del Sevilla"

El ancestral juego de apuestas intenta sobrevivir a la amenaza de las casas de apuestas mientras encuentra fórmulas para adaptarse a un mundo cambiante

La Quiniela, un juego mítico que lucha por su supervivencia

La Quiniela, un juego mítico que lucha por su supervivencia / Marc Creus

Sábado, 14:00 horas. Una semana más, el balón vuelve a rodar en una nueva jornada de LaLiga EA Sports. En Málaga, con un ojo puesto en el partido y otro en su boleto, Fran permanece expectante por saber si el partido entre la Real Sociedad y el Real Valladolid supondrá el primer acierto en La Quiniela para la Peña Boquerón 1x2. Es, desde hace 10 años, la rutina religiosa de su fin de semana.

En ese trozo de papel de unos 17x11 centímetros están depositadas las ilusiones de más de dos millones de jugadores que siguen la actualidad deportiva con la esperanza de saber si terminarán el fin de semana con unos cuartos de más. Aquí reside la magia de La Quiniela, una tradición casi centenaria dentro del deporte que se resiste a caer en el olvido mientras lucha por adaptarse a una nueva realidad...

Han pasado más de 78 años desde el inicio de La Quiniela en España, pero el trasfondo sigue siendo el mismo tanto para Fran como para aquellos primeros apostantes de un boleto que solamente contenía siete partidos: intentar adivinar más resultados que el resto. A pesar de que el objetivo final se mantiene inmutable, tanto el juego como el contexto han cambiado mucho a lo largo de los años, dibujando un escenario en el que La Quiniela ha perdido terreno como juego de cabecera para el gran público.

Un boleto de La Quiniela durante la Jornada 17 de la temporada 69-70

Un boleto de La Quiniela durante la Jornada 17 de la temporada 69-70 / Peña de Quinielas 'El Trevolet' de L'Hospitalet de Llobregat

En los nuevos tiempos, marcados por la inmediatez y el consumo rápido, no parece haber sitio para un juego que puede llegar a abarcar 4 días desde el primer partido de la jornada hasta el último. Tal como describe Fran, "La Quiniela es un juego pasional que te ofrece vivir una experiencia durante el fin de semana en tu casa, dónde buscas la emoción del fútbol para poder generar un ingreso extra en tu día a día".

Este perfil de jugador promedio, para el que Loterías y Apuestas del Estado diseñó su juego insignia hace casi 80 años, es ahora una 'rara avis'. Si bien es cierto que todavía existe un pequeño reducto que espera a la llegada del fin de semana para disfrutar de los 15 partidos que componen la jornada de La Quiniela, los nuevos jugadores buscan algo mucho más inmediato. Es aquí dónde entran las casas de apuestas, un 'monstruo' que ha devorado el mercado en los últimos años.

Las casas de apuestas lo cambian todo

El fenómeno de las casas de apuestas deportivas ha sido uno de los principales responsables de la caída lenta pero progresiva de La Quiniela. Lo que empezó como simples juegos entre amigos ha acabado convirtiéndose en un negocio billonario que abarca todos los rincones del mundo y que ha cambiado de principio a fin la forma de apostar en el mundo del fútbol.

Y es que, al contrario que sucede con La Quiniela, este nuevo formato ofrece algo imposible hasta ahora como es poder apostar al instante en una selección personalizada de partidos de todos los rincones del mundo. La posibilidad de elegir cuándo y cómo apostar dibuja un modelo más atractivo para los nuevos jugadores, a los que el boleto de 15 resultados parece quedarles obsoleto. “La Quiniela es una apuesta única y cerrada, las casas ofrecen muchas más posibilidades”, explica un joven jugador del sistema tradicional que ahora empieza a decantarse por otros tipos de apuestas más modernas.

Un antiguo aparato para hacer La Quiniela... a suertes y con dados

Un antiguo aparato para hacer La Quiniela... a suertes y con dados / Miguel Delgado

A mis amigos les pasa igual”, añade. La Quiniela, como consecuencia, va quedando progresivamente relegada a un juego tradicional que, a pesar del estatus ganado con el paso de los años, se ve incapaz de reaccionar a la notable caída sufrida a lo largo de los últimos años. "Se nota mucho la variación del volumen en las apuestas individuales. Este número sí ha ido bajando, pues La Quiniela ha perdido adeptos con el paso de los años", admite Fran de la Peña Boquerón 1x2.

El contragolpe fallido de La Quiniela

No han sido pocas las fórmulas que ha intentado inventar la administración para actualizarse a las nuevas tendencias, muchas de ellas incrementando la dificultad de la misma apuesta. En 2014, ser campeón de la quiniela empezó a ser más difícil; el pleno al 15 pasó de basarse en el mítico sistema de 1X2 a obligar a acertar los goles que marcará cada equipo entre 0, 1, 2 o 3 más.

A efectos prácticos, La Quiniela pasa de tener 3 combinaciones posibles a 16, multiplicando en gran medida la tarea de acertar en esta última casilla. Esta decisión ha propiciado que historias como la de nuestro siguiente testimonio, que ha preferido mantener el anonimato, hayan pasado de ser raras excepciones a prácticamente una misión imposible.

Un sábado de noviembre en el ya lejano 2006, un boleto de La Quiniela fue sellado en el receptor 12.485 de L'estanc de l'Olivera. Su afortunado portador no fue consciente del tesoro que tenía entre manos hasta que llegó el último partido de la jornada, un Athletic Club - Sevilla que puede recitar de memoria como si se hubiese disputado hace escasos minutos.

Un boleto ganador de la quiniela, correspondiente a la jornada 14 de la temporada 2026-07

Un boleto ganador de la quiniela, correspondiente a la jornada 14 de la temporada 2026-07 / SPORT

"En el minuto 10 iba ganando el Athletic 1-0, pero antes de finalizar la primera parte empató el Sevilla. Pensaba que fallaríamos aquí, pero a los 10 minutos de la segunda parte se marcó el 1-2 y, poco antes de acabar, el 1-3", recuerda nuestro testimonio con visible emoción.

Ese 1-3, que terminó brindando los 3 puntos al Sevilla en una jornada cualquiera de la Liga española, cambió para siempre la vida del afortunado ganador. "Yo soy del Madrid, pero el gol que más he gritado en mi vida es del Sevilla". Nada más acabar el partido, nuestro testimonio subió en casa para comprobar en el teletexto cuántos acertantes había en esa jornada. Su sorpresa fue doble al conocer que sólo había 1.

Aquel Athletic Club - Sevilla no pasó a los anales de la historia en el mundo del fútbol, pero cambió la vida de las tres familias que compartieron ese boleto. Ese gol a las puertas del final del partido se tradujo en 4.484.422 euros que permitieron al testimonio cumplir la "ilusión de su vida", que era "poder comprar una torre".

El cartel que acredita el premio de La Quiniela repartido en noviembre de 2006

El cartel que acredita el premio de La Quiniela repartido en noviembre de 2006 / L'Estanc de l'Olivera

Volviendo a los cambios implementados por La Quiniela, la temporada 2015-16 estuvo marcada por la subida del precio de la columna de 0,5 a 0,75, haciendo que la apuesta mínima subiese de 1 euro a 1,5. El cambio, como era de esperar, no agradó a la base de jugadores y la administración, por su parte, terminó perdiendo dinero tras la marcha de otros tantos apostadores insatisfechos con el formato.

Si la apuesta por cambiar estas dos fórmulas fue desacertada, el colofón final llegó con la decisión de ampliar las jornadas. Esta no solo es arbitraria, ya que cambia en función de la semana sin seguir un criterio fijo, también atenta contra la esencia de La Quiniela. "Los otros cambios pueden ser positivos o negativos, pero para mí el mayor problema que ha tenido La Quiniela en los últimos años es la implementación de partidos los viernes y los lunes. La Quiniela es un juego que la gente asocia tradicionalmente al fin de semana, empezar a seguirla un sábado a media mañana y el domingo por la noche saber lo que han cobrado", analiza Fran.

La ampliación de las jornadas supone un punto de desconexión de La Quiniela con sus clientes más fieles, propiciando que estos tengan que esperar más tiempo para saber si su boleto estará premiado o incluso dejando muchas apuestas por el camino al no saber comunicar de forma eficiente en qué momento exacto se cierra el plazo para jugar cada jornada.

Los intentos por parte de la administración de adaptarse a los nuevos tiempos no han terminado de calar entre los jugadores y, lo que es más preocupante, no han atraído a nuevos adeptos a la causa. En el otro lado de la moneda, la industria de las casas de apuestas continúa transformándose y se abre a otros mercados o deportes. Ante este escenario tan desolador, la pregunta es evidente. ¿Existe posibilidad de reacción?

Los últimos bastiones a los que se aferra La Quiniela

Ante el poco acierto de los movimientos realizados por Loterías y Apuestas del Estado en los últimos años, son los responsables de los puntos de venta quienes intentan mantener el juego a flote. En este sentido, el mayor éxito de los últimos tiempos se encuentra en las peñas, único resquicio en el que La Quiniela experimenta cierto crecimiento.

"A nivel de peñas, nosotros hemos crecido muchísimo. Esto se debe a que hemos dado muchos premios, y la gente se une al ver que esta nueva manera de apostar tiene rentabilidad", desgrana Fran en base a los datos extraídos de Loterías Boquerón de Oro, receptor nº 51325 de Málaga.

Más allá de las fórmulas imaginativas de los puntos de venta, el mayor motor de La Quiniela sigue siendo la ilusión que genera entre sus jugadores. Y es que, si bien es cierto que las posibilidades de obtener un gran premio son cada vez más escasas, y en caso de ser conseguido de forma conjunta este no cambiará radicalmente tu vida, cuando se consigue termina generando un recuerdo imborrable para siempre.

Además, La Quiniela sigue desprendiendo un aura de misticismo que parece ser incapaz de ser replicado. Poco importa si el jugador simpatiza con un equipo u otro, cuándo empieza la jornada pasa a ser "de 15 equipos a la vez", tal como reza el lema del juego.

"Gracias a un gol del Valencia contra el Betis en el minuto 90, pasamos de ganar 40.000 a 534.682 euros. En aquel momento, ahí no había nadie de un equipo o de otro, todos íbamos con el Valencia. Cuándo acabó, sentimos que habíamos ganado el partido nosotros", admite Fran, visiblemente emocionado.

Esta fiebre por La Quiniela llega tan lejos que, en contados casos, incluso puede cambiar la perspectiva del aficionado más fiel. "Muchos de los miembros de la peña son del Málaga y una vez ganamos un pleno al 15 gracias a la derrota de nuestro equipo. Te puedo asegurar que más de uno gritó ese gol en contra", confiesa Fran entre risas. Es la magia de La Quiniela, un juego ancestral donde importa más la emoción que el dinero.