El día menos pensado de Superman López

El día menos pensado de Superman López

Superman López, en plena ascensión al Gamoniteiru
Superman López, en plena ascensión al Gamoniteiru | EFE

El ciclista del Movistar protagonizó la caída del equipo telefónico

Su abandono provocó molestias y se disculpó horas más tarde

En el exterior del autocar del Movistar aparcado en Sanxenxo solo hay un par de auxiliares del equipo. Las cortinas cubren el interior del vehículo. Solo hay cinco corredores, tres para trabajar, hasta donde puedan, y dos para conservar, para jugar a la defensiva en una etapa trampa por la provincia de Pontevedra que ha diseñado Óscar Pereiro, un antiguo miembro del equipo que les dio un Tour par allá 2006.

Con Alejandro Valverde habría sido otra cosa, al ataque, pero tal como está la situación hay que conservar lo que se tiene. Enric Mas solo debe estar pendiente de la rueda de Primoz Roglic, si ataca hay que seguirlo. Superman López debe cuidarse del australiano Jack Haig, porque en un descuido, con el Bahrein como equipo más fuerte de la carrera, puede tener un decuido.

Es tan sencillo como que dos y dos son cuatro. Superman debe ser la sombra de Haig. Si demarra se convierte en su sombra y santas pascuas. Y si se corta… si se corta tendrá a todo el Bahrein para recomponer la situación y Superman viajará en carroza como lo hizo Roglic después de que Adam Yates desenterrara el hacha de guerra a 60 kilómetros de la meta.

Colombia pesa mucho. En su país no quieren, detestan, que sus estrellas trabajen para otros, llámese ahora Mas o hace unos años, en época de Nairo Quintana, Mikel Landa. Solo hacía falta escuchar las preguntas, totalmente diferentes al resto de la prensa internacional, que le hacían llegar a Superman en las conferencias de prensa de los dos días de descanso.

Y sin descanso, en la penúltima etapa de la Vuelta, Superman se olvida de que debe ser la lapa enganchada a la rueda de Haig. Va colocado detrás de Egan Bernal. Es importantísimo ser el primero de la clase. Ataca Yates y Bernal respeta su demarraje, tradición de cualquier equipo. 10 metros, 15 metros, 50 metros… Haig se ha ido con Yates, con Roglic, con Mas.

Superman que vigila a quien no debe se queda cortado y entra en estado de desesperación. Solo tira él. Mira a su alrededor. Bernal no piensa ayudarlo, ni David de la Cruz, que no es su guerra, ni Steven Kruiswijk, que sería despedido del Jumbo con su jefe esloveno por delante.

Pulsa una y otra vez el botón del pinganillo para hablar. A la escucha, Txente García Acosta, que conduce el coche que circula a cola de su grupo. Pero quien escucha y quien toma las decisiones es Eusebio Unzué, el jefe, que va de copiloto. Tratan de calmarlo, que la distancia no es mucha y la captura es difícil pero no improbable.

Van cayendo los segundos y después los minutos. Superman va casi tan rápido, pero no más que los fugados con el Bahrein tirando como locos para tratar de noquerlo. Enseguida pierde un minuto y ya van dos cuando los jueces autorizan al coche del Movistar a pasar al grupo de Superman para auxiliar a Enric Mas.

Unzué baja la ventanilla. Txente solo disminuye un poco la velocidad. “Deja de tirar no vale la pena”. Y añade el mánager del equipo: “Rojas viene por detrás, espéralo que te ayudará”. Unzué, la Vuelta, todos saben que Superman ha perdido porque cuando llega Rojas, agotado por el esfuerzo, el resto de favoritos ya está a cuatro minutos de Superman.

Miguel Ángel López malinterpreta las palabras. Se empieza a calentar. Se cierra en si mismo, la cabeza lo traiciona y tras un repecho descubre un coche del Movistar y a un auxiliar con un botellín que rechaza. Se detiene y se va tras el coche. Todos creen que a consecuencia del susto le ha entrado un apretón. Se refugia tras el coche, entre un árbol, un huerto y una cuadra. No quiere seguir. Está sentado en el suelo, junto a la bici.

Llega Patxi Vila, que va en el segundo coche con Tomás Amezaga, uno de los mecánicos. Vila sale rápido del coche y se coloca de cuclillas junto a Superman. Gesticula con las manos, uno, dos, tres, cinco minutos. Superman se levanta y va hacia la cuadra. Los movimientos con las manos traducen la frase, un “déjame en paz”, Vila se aparta. Superman parece que entra en razón pero solo toma la bici para sentarse sobre el cuadro.

El pinganillo echa chispas. Hasta parece imposible que Enric Mas, como dice en meta, no se haya enterado de nada. Llega Imanol Erviti, el capitán de ruta del equipo. Tira la bici y se va hacia Superman. Apenas hablan un minuto. Erviti ve que no hay nada que hacer y vuelve a la carrera. Superman se mete en el coche auxiliar. Acaba de decidir que abandona la Vuelta. Por la noche, durante la cena, Superman se levanta y pide perdón.

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