El día después de Alberto Ginés

El día después de Alberto Ginés

Las mejores imágenes del histórico oro de Alberto Ginés en escalada en Tokio 2020
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El oro de Alberto Ginés marca un hito en la participación española en Tokio

El 'New York Times' y casi toda la prensa japonesa se hicieron eco del éxito del escalador

Fue una experiencia tan intensa y explosiva que cuesta bajar pulsaciones no solo a su protagonista, también a quienes vivieron a su alrededor una proeza histórica, que formará parte para siempre del recuerdo colectivo cuando se hable o se piense en los Juegos Olímpicos de verano.

No fue solo una de las mayores gestas de un español en una cita planetaria; también resultó ser un acontecimiento con el fuste suficiente para ganarse un sitio en el New York Times o en las portadas de los diarios deportivos nipones. El día después de Alberto, aún se hablaba de Alberto.

Alberto tiene 18 años, nació en Cáceres y le llevaron a escalar cuando apenas tenía unos meses de edad. Lo más llamativo de su historia olímpica es que el éxito le llega antes que unas instalaciones dignas para entrenar, hasta el punto de que tras sacarse el carnet de conducir su primer viaje fue a Barcelona y para escalar, claro.

Los Juegos de Tokio los ha preparado en el extranjero ante la flagrante falta de infraestructuras en España; y su primer mensaje cuando se le pregunta por los de París es que todo dependerá de que le faciliten el trabajo. Esto es, que le pongan los rockódromos que ahora no existen.

Ginés López, que son sus apellidos, lucieron en el pantallón gigante del parque urbano de Aomi siempre en las posiciones cabeceras. Ganó la velocidad, sufrió en los bloques y triunfó en la dificultad. Pero su gran mérito fue que todos aprendiéramos en qué consiste su prueba, el sistema de puntuación, las maniobras y el mérito extremo de competir en solitario, sin más compañía que la del arnés, la cuerda y la magnesera. Fue épico. Uno de los más bellos episodios de esta singladura olímpica.

Tan impactante que todo lo que vino después lo eclipsaron Alberto y su sonrisa; su abrazo entre lágrimas con su entrenador, David Maciá; y una euforia por dentro que todavía le dura. Porque por fuera, como si nada hubiese cambiado en su vida deportiva y en su currículum, Alberto luce como siempre. Como el niño de 18 años que solo ha hecho lo que más le gusta: escalar.

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