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El ocaso del atletismo español

El atletismo español parece vivir una de sus peores épocas olímpicas tras la más que discreta actuación en los Juegos Olímpicos de Londres. Una vez finalizada la competición se debe realizar un profundo análisis sobre este hecho por todo lo que representa.

David Boti

Con 46 representantes en escena el balance es demoledor. 23 atletas ni siquiera pasaron la ronda clasificatoria, no hubo ninguna medalla y solamente se consiguieron cuatro diplomas olímpicos -Ruth Beitia en salto de altura, Frank Casañas en lanzamiento de disco, Beatriz Pascual en 20 km. marcha y Miguel Ángel López también en 20 km. marcha-. 

Además, de esos cuatro finalistas, tres tienen 30 años o más: 33 para Ruth Beitia que se retira de la alta competición y para Frank Casañas y 30 para Beatriz Pascual, por lo que el futuro no es demasiado alentador. Mucho deben cambiar las cosas para mejorar esta actuación en Río 2016. 

TRES MEDALLAS Y 27 DIPLOMAS, EN CUATRO JUEGOS OLÍMPICOS 

En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, tampoco se consiguió ninguna medalla pero los diplomas olímpicos ascendieron hasta los once. Habría que remontarse hasta los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 para poder recordar una medalla española en la modalidad de atletismo. Los protagonistas fueron Francisco Javier Hernández en 20 km. marcha (plata) y Joan Lino en salto de longitud (bronce), sumando también ocho diplomas. En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, se consiguió una medalla de bronce -María Vasco en 20 km. marcha- y ocho diplomas. El balance es acongojante cuánto menos.

En las cuatro últimas ediciones de los Juegos Olímpicos, es decir, en más de una década se han conseguido tres medallas y 27 diplomas olímpicos. Los últimos oros conseguidos por el atletismo español en este tipo de competición fueron los logrados por Fermín Cacho en 1.500 metros y Daniel Plaza en 20 km. marcha en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

DOCE DE LOS 50 ATLETAS ESPAÑOLES, FINANCIADOS POR EL PLAN ADO

El plan para apoyar el desarrollo y promoción de los deportistas nacionales de alto rendimiento a nivel olímpico que se creó cuatro años antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 ha desembolsado este año 234.000 euros a doce atletas de los 46 que han participado en los Juegos. De esos doce, solamente dos consiguieron diploma olímpico -Ruth Beitia y Beatriz Pascual- que reciben una compensación económica de 17.000 euros al año. Por el contrario, Natalia Rodríguez recibió 45.000 euros anuales y no consiguió pasar de la fase clasificatoria en la modalidad de 1.500 metros, tras un año plagado de lesiones en el que no participó en ninguna competición.

Contrastes ininteligibles que suponen enormes cuantías económicas desaprovechadas que, finalmente, no dan su fruto. Ninguna medalla y cuatro diplomas olímpicos en Londres. El atletismo necesita un período de reflexión. Quizás un replanteamiento en el sistema de adjudicación de las becas. Su presidente, José María Odriozola, como máximo representante de este deporte en nuestro país, debe dar explicaciones. Y contundentes. Pero, sobre todo, tiene la obligación de encauzar un rumbo que parece haber perdido el atletismo español en los últimos años. 

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