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Tensión en los Balcanes

La protesta permanente serbia, aún sin luz al final del túnel después de 10 meses

El malestar social comenzó el pasado noviembre, cuando se derrumbó el techo de una estación ferroviaria causando la muerte de 16 personas

Riot police block anti-government protesters at the end of a rally pressing for an early election after nearly eight months of almost daily anti-corruption demonstrations that have shaken the populist government of President Aleksandar Vucic, in Belgrade, Serbia, Saturday, June 28, 2025. (AP Photo/Darko Vojinovic)

Riot police block anti-government protesters at the end of a rally pressing for an early election after nearly eight months of almost daily anti-corruption demonstrations that have shaken the populist government of President Aleksandar Vucic, in Belgrade, Serbia, Saturday, June 28, 2025. (AP Photo/Darko Vojinovic) / Darko Vojinovic / AP

Irene Savio

Irene Savio

Roma

Esta semana, casi al mismo tiempo en que el presidente serbio Aleksandar Vučić se encontraba en China para reunirse con Vladimir Putin y Xi Jinping —y participar en el desfile militar organizado por Pekín para conmemorar los 80 años de la rendición de Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial—, otro aniversario estaba en boca de todos en su propio país. Eso es, los diez meses transcurridos desde el derrumbe, el 1 de noviembre del año pasado, de parte del techo de la estación ferroviaria de Novi Sad, la segunda ciudad del país. Un accidente que desencadenó las mayores protestas ciudadanas de la historia reciente de Serbia.

Por su duración, participación y repercusión política, las protestas serbias han batido en estos meses todo récord y constituyen actualmente la revuelta ciudadana en curso de mayor magnitud en Europa. De hecho, los estudiantes —principal motor de las movilizaciones— han logrado congregar con el paso del tiempo también a otros sectores de la sociedad serbia, que siguen respondiendo a las convocatorias que se desarrollan de forma cotidiana, sin que se vislumbre una resolución de la crisis en el corto plazo.

Desde el inicio

La razón es que toda negociación entre el Gobierno de Vučić y los manifestantes ha fracasado estrepitosamente. Desde el inicio, los estudiantes han exigido profundas reformas institucionales para erradicar la corrupción y avanzar hacia una democracia más sólida; ahora reclaman además elecciones anticipadas. Ni la dimisión de la ministra de Infraestructuras, Gorana Vrbajac, ni los procesos judiciales contra una decena de personas han logrado calmar el descontento.

La experiencia previa de los manifestantes en otras protestas —y, sobre todo, su familiaridad con las tácticas gubernamentales— también ha contribuido a mantener la movilización en las calles. Pese a ello, el movimiento ha experimentado algunas transformaciones: una de ellas es la creciente presencia (y voz) de sectores nacionalistas serbios entre los manifestantes, algo que algunos analistas interpretan como una estrategia para debilitar a Vučić —cuyo poder ha estado mucho tiempo sostenido en ese electorado—, aunque al mismo tiempo es sin duda contraproducente para el apoyo regional e internacional.

Incertidumbre

En este contexto, la incertidumbre sobre lo que pueda suceder en los próximos meses es máxima. La preocupación está también en la animosidad entre manifestantes y fuerzas del orden, que ya se ha intensificado. El pasado 14 de agosto, unas 50 personas fueron arrestadas y cerca de 30 agentes resultaron heridos en una de las protestas; otros han denunciado detenciones arbitrarias de manifestantes. Mientras que Reporteros sin Fronteras (RSF) ha denunciado más de 30 agresiones contra periodistas en los últimos dos meses.

El pasado lunes, día del aniversario del accidente de Novi Sad, miles de serbios volvieron a desafiar a las autoridades y salieron en masa en las calles de Belgrado. La manifestación fue multitudinaria pero pacífica, el problema es cuánto tardará el país a volver a su normalidad.

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Vía: El Periódico

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